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Semana Noticias

| 2020/02/16

Semana noticias, los últimos acontecimientos en Semana TV tv tv tv

Un noticiero digital, en vivo, sin telepronter, fresco y muy cercano que busca acompañar a las personas en su día a día.

Dos meses después del comienzo de las exhumaciones en Dabeiba, Antioquia, la Jurisdicción Especial para la Paz le entrega este lunes los restos de un joven víctima de falsos positivos a su familia.

El cuerpo fue encontrado en el cementerio del pueblo, adonde llegaron los magistrados de la JEP, luego de recibir información por parte de varios miembros de Ejército que confesaron haber asesinado a civiles inocentes que fueron enterrados allí.

El joven había desaparecido en 2002, su familia había denunciado la situación y desde entonces lo buscaban. Luego de cotejos de ADN, la justicia especial confirmó que se trata del muchacho.

Este lunes los cuerpos serán entregados a su familia, en medio de un acto simbólico que tendrá lugar en el pueblo, y al que asisten el magistrado Alejandro Ramelli, quien lleva el caso, así como funcionarios de Medicina Legal, y los embajadores de Suecia y Francia.

Pero las actuaciones de la JEP este lunes en Dabeiba no se agotan allí. Además de entregar el cuerpo, comenzarán excavaciones en otros 13 puntos, concretados a partir de información de soldados que están colaborando con la jurisdicción. Allí buscarán más cuerpos. En este caso, la JEP ya ha recuperado restos de 17 personas, logrando la identificación para esta primera entrega. Esta es la historia que fue portada de SEMANA sobre ese proceso. 

***

El soldado Buitrago recordó que una vez el sargento Pedraza* les dio una orden que se salía de toda proporción. Habían acabado de matar a un joven al que pretendían hacer pasar como guerrillero. Les pidió que le volvieran a disparar al cadáver, esta vez en la cabeza y con una ametralladora M60 que lanza balas del tamaño de un dedo. Así ningún familiar lo podría reconocer. La idea era borrar toda huella de la identidad de la víctima, eliminar cualquier vestigio de su existencia de un solo tajo.

—Aquí enterraron a dos a los que no les dieron ataúd—, dijo el soldado Buitrago mientras caminaba por entre las tumbas del cementerio católico Las Mercedes, en Dabeiba, Antioquia. Entró a ese lugar el lunes pasado después de algo más de diez años, e intentó hacer memoria sobre el punto donde él y su unidad militar, según dice, sepultaron a decenas de jóvenes inocentes que convirtieron en falsos positivos. 

Sus declaraciones destaparían un capítulo de ejecuciones extrajudiciales desconocidas, con características inéditas en la historia del conflicto colombiano. Sobre todo porque aquí se unen tres factores: un macabro modus operandi para asesinar, un número grande de víctimas que hoy siguen desaparecidas y una posible estrategia para silenciar la verdad. El hecho de que hayan permanecido ocultas en un mismo lugar tanto tiempo plantea innumerables interrogantes sobre el papel del aparato judicial alrededor de uno de los capítulos más oscuros del conflicto armado colombiano.

Este lunes los cuerpos serán entregados a su familia, en medio de un acto simbólico que tendrá lugar en el pueblo, y al que asisten el magistrado Alejandro Ramelli, quien lleva el caso, así como funcionarios de Medicina Legal, y los embajadores de Suecia y Francia.

Pero las actuaciones de la JEP este lunes en Dabeiba no se agotan allí. Además de entregar el cuerpo, comenzarán excavaciones en otros 13 puntos, concretados a partir de información de soldados que están colaborando con la jurisdicción. Allí buscarán más cuerpos. En este caso, la JEP ya ha recuperado restos de 17 personas, logrando la identificación para esta primera entrega. Esta es la historia que fue portada de SEMANA sobre ese proceso. 

 

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El soldado Buitrago recordó que una vez el sargento Pedraza* les dio una orden que se salía de toda proporción. Habían acabado de matar a un joven al que pretendían hacer pasar como guerrillero. Les pidió que le volvieran a disparar al cadáver, esta vez en la cabeza y con una ametralladora M60 que lanza balas del tamaño de un dedo. Así ningún familiar lo podría reconocer. La idea era borrar toda huella de la identidad de la víctima, eliminar cualquier vestigio de su existencia de un solo tajo.

 

 

—Aquí enterraron a dos a los que no les dieron ataúd—, dijo el soldado Buitrago mientras caminaba por entre las tumbas del cementerio católico Las Mercedes, en Dabeiba, Antioquia. Entró a ese lugar el lunes pasado después de algo más de diez años, e intentó hacer memoria sobre el punto donde él y su unidad militar, según dice, sepultaron a decenas de jóvenes inocentes que convirtieron en falsos positivos. 

 

Sus declaraciones destaparían un capítulo de ejecuciones extrajudiciales desconocidas, con características inéditas en la historia del conflicto colombiano. Sobre todo porque aquí se unen tres factores: un macabro modus operandi para asesinar, un número grande de víctimas que hoy siguen desaparecidas y una posible estrategia para silenciar la verdad. El hecho de que hayan permanecido ocultas en un mismo lugar tanto tiempo plantea innumerables interrogantes sobre el papel del aparato judicial alrededor de uno de los capítulos más oscuros del conflicto armado colombiano.