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Opinión

  • | 2019/10/21 16:02

    Un acuerdo que nunca fue

    Tome las banderas, señor presidente, de la batalla por la patria, hágalo, por favor, con la grandeza de su propia juventud que puede arriesgar todo por Colombia.

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Cuando escribía estas reflexiones escuché la alocución de la señora ministra de Educación hablando sobre su resolución de validación y homologación de títulos universitarios, e inmediatamente pensé que es muy duro observar cómo al presidente de la república es frecuentemente vacilado e incluso atosigado por algunos de sus ministros o colaboradores directos. 

Desafortunadamente la medida adoptada por la cartera de Educación no es otra cosa que un saludo a la bandera, es como intentar tratar el cáncer con acetaminofén, es claro que la resolución aquí mentada en nada soluciona la grave y penosa situación en la que se encuentran miles de profesionales que por absoluta desidia estatal no han logrado validar su título profesional. Es claro que nuestro país no ha adoptado una real política en materia de homologación de títulos profesionales, y por ello es que nuestra realidad está marcada por una sola variable; la de una legislación restrictiva en cabeza de un ministerio que está sobresaturado de funciones de carácter técnico que deberían ser adoptadas por otras entidades con autonomía administrativa, financiera y presupuestal. 

Para el caso puntual es menester reflexionar sobre la verdadera e imperiosa necesidad de crear una agencia gubernamental autónoma, adscrita, eso sí, al Ministerio de Educación que se encargue de manera exclusiva de la implementación técnica de las políticas gubernamentales en materia de homologación y validación de títulos, por ejemplo en países, como Estados Unidos de América, existen dos autoridades para la homologación administrativa de títulos profesionales adquiridos fuera de la unión americana. Estas dos agencias;  la Association of International Credential Evaluators y la National Association of Credential Evaluation Services se encargan de efectuar de manera organizada y pormenorizada la estricta tarea de homologar títulos en la economía más importante del planeta, que desde hace décadas ha decidido establecer un modelo rígido acorde a sus políticas exteriores. Por ello no es un secreto que convalidar un título universitario en Estados Unidos, es bastante difícil, pero creo que es a toda luz, más fácil que hacerlo acá en Colombia, al menos, en la medida que existe toda una política regulatoria en materia de convalidación y no una palestra de arbitrariedades, improvisaciones o desaciertos de burócratas que en la gran mayoría de casos provienen de una agenda política clientelista, en vez de provenir de instancias académicas, el cual es el lugar de donde debe provenir el funcionario que está evaluando la homologación de un título. 

Es absolutamente preocupante que al señor presidente se le informe sobre el problema en términos diametralmente opuestos a lo que acontece en la realidad, pues es claro que, con la resolución aquí señalada, se arregló el problema a los médicos y profesionales pero venezolanos, a los profesionales colombianos les inventaron más requisitos, hecho que por sí solo agudiza más la crisis que llevamos denunciando desde esta columna desde hace varios meses. 

Hace más de un año el señor presidente Duque en la Universidad de los Andes nos llenó de ilusiones porque anunció los puntos del acuerdo nacional, el primer punto; el pacto por los niños y los jóvenes, el segundo ítem fue el pacto por los mayores, el pacto por la salud fue el tercer elemento, el cuarto; el pacto por la justicia y la lucha contra corrupción. Luego en el punto quinto habló del pacto sobre creación de oportunidades, en el sexto punto habló sobre un estado  eficiente y moderno y concluyó con un último punto sobre fortalecimiento del tejido social. 

Con estas propuestas, se propiciaba el clima para un gran acuerdo conjunto entre la sociedad civil y el nuevo gobierno, la iniciativa fue incluso recibida y de cierta manera auspiciada por el BID, la Andi, el Consejo privado de Competitividad, Proantioquia, Fenalco, Corporación de la Excelencia por la Justicia, Camacol, la Universidad del Rosario y la Universidad de los Andes, más de 40 metas se proponía el acuerdo desarrollar durante los 4 años de gobierno.

Remembro este evento porque creo obligatorio y lo digo con total respeto, el gobierno del presidente Duque debe convocar a un gran acuerdo nacional para que todos los colombianos nos pongamos de acuerdo y podamos salvar a nuestra patria, se requiere esto ya; para sacar la economía adelante, para hacer las reformas políticas urgentes; Listas cerradas, reorganización del Senado y la Cámara de Representantes, para reformar nuestra lacerado aparato de administración de justicia, para controlar la nueva expresión subversiva, la infiltración de la protesta social, para sacar adelante los proyectos pilotos de fracking, para luchar por cada uno de los siete acuerdos expresados en la Universidad de los Andes.

Presidente, convoque a los expresidentes de Colombia, a los líderes de la patria a Fajardo, a Petro, a Londoño. Todos aceptaran participar, las altas cortes, las iglesias igual lo acompañarán. Presidente Duque hágalo y sea motor de un primer acuerdo que como decía el inolvidable doctor Álvaro Gómez Hurtado, sea el acuerdo sobre lo fundamental y salve así a nuestra patria.

No vacile señor presidente en hacerlo, el país lo espera y Colombia lo exige, convoque ya las fuerzas vivas de la patria todos ellos tendrán la gallardía de responder su llamado.

Tome las banderas señor presidente de la batalla por la Patria hágalo por favor con la grandeza de su propia juventud que puede arriesgar todo por Colombia. Nuestras altas cortes lo estarán acompañando, los órganos de control, el señor procurador general, el señor contralor estarán allí no tengo ninguna duda colaborando a que entre todos saquemos este país adelante.

PD: En 1983 cuando fui designado secretario de Gobierno de Bogotá tuve el privilegio de visitar en su casa de la calle 104 al doctor  Luis Carlos Galán, desde ese día lo admiré y respeté, luego en el año 1986 por su iniciativa fui elegido , en la presidencia del Concejo de Bogotá, me impactó siempre su pulcritud y carácter, hoy veo en su hijo candidato independiente a la Alcaldía de  Bogotá Carlos Fernando Galán el gran alcalde convocante para el gobierno de esta ciudad , el llamado a la unidad por la capital efectuado en el debate realizado por Canal Capital me convenció de que es la mejor opción. Bogotá no soporta más odios.

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