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Opinión

  • | 2019/04/10 16:46

    La palabra del indio y el presidente

    Mientras los indios deliberan en espacios abiertos, los operadores políticos intrigan en los clubes y haciendas privadas.

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Caballo Loco nunca posó para una foto por temor a que la cámara le arrebatara el alma. Toro Sentado, el jefe Sioux, contó a un periodista: “Veo. Sé. Comencé a ver cuando todavía no había nacido; cuando aún no estaba en los brazos de mi madre, sino dentro de su vientre. Ahí fue donde empecé a estudiar a mi pueblo”. Caballo Loco era un guerrero nato. Toro Sentado era un líder al que su tío Cuatro Cuernos le manifestó: “Cuando nos digas que luchemos, lucharemos, cuando nos digas que hagas la paz, la haremos”.

Los indios nunca han visto el mundo como lo ven los blancos. Kevin Costner lo explicó visualmente en Danza con lobos, filme ganador de siete premios Óscar, que exhibe la lucha de los lakotas contra un ejército de blancos. El apache Gerónimo le preguntó al general Crook la razón por la que no le hablaba. El militar blanco le respondió: “Tu boca habla de formas muy distintas”. En su libro La tierra llora, el historiador militar estadounidense Peter Cozzens, documenta la lucha entre lo ancestral y lo moderno durante las guerras que indios y blancos libraron en las llanuras norteamericanas.  

El presidente Duque y la mayoría de los operadores políticos de Colombia no entienden el mundo de los indios. Un mundo que aún conserva cierta ritualidad. Las maneras de conversar sobre sus reclamos son distintas a las de los operadores políticos. Los indios se organizan y deciden en forma horizontal y colectiva. Los operadores políticos lo hacen de manera vertical y autoritaria. Los indios deliberan en espacios abiertos. Los operadores políticos intrigan en los clubes y haciendas privadas. Duque quería reunirse a puerta cerrada con los indios. Los indios querían hacerlo en la plaza pública.

Rosa Cotes Vives es la gobernadora del Magdalena. Es una operadora política genuina.  No tiene estudios superiores. No sabe de administración. Su esposo José Francisco Zúñiga Riascos, presidiario confeso, recibió apoyo del paramilitarismo. Rosa Cotes trata a los indios de la Sierra como suyos. Como si fueran muñequitos o piezas de un juego de mesa. Mis indigenas, según sus palabras, son “inteligentes”, “aterrizados” y “preparados”. Para la señora Cotes y la mayoría de operadores políticos colombianos los indigenas son parte de un paisaje pintoresco que bien se puede ofrecer a turistas extranjeros que buscan atenuar su carga de racionalismo a través de experiencias exóticas. A los indios que protestan -chillan los operadores políticos- hay que tratarlos como en las películas de far west.

El documental titulado Palabras Mayores es dirigido por indigenas de la Organización Gonawindúa Tayrona. En la película un grupo de mamos arhuacos, wiwas y koguis de la Sierra Nevada de Santa Marta explican y resuelven en su lengua temas que hoy son parte de la retórica moderna, pero milenarios para los pueblos indigenas: calentamiento global, coca, agua, violencia, deforestación e interculturalidad. Por fortuna la escolarización en Colombia ha mejorado y cada vez son menos las personas que comparten ocurrencias como la de la señora Rosa Cotes Vives.

Para la higiene mental de Colombia es bueno el diálogo intercultural. La riqueza cultural de Colombia no puede quedar al capricho y la ignorancia de los operadores políticos. Al diálogo entre el presidente de la república y la minga indígena no se le pueden adicionar historietas que lo entorpezcan: Infiltración, vías de hecho, masacre, falta de seguridad, posible atentado, informes de inteligencia y alguna otra palabreja más. Son meros perendengues para afear el ambiente de diálogo y ningunear lo acordado.  

(*) Escritor y analista político

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