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Opinión

  • | 2019/11/20 16:59

    Marchas y democracia

    Las marchas y las manifestaciones son parte integral de la democracia. Estigmatizarlas o instrumentalizarlas para producir caos a través de la violencia amenaza una expresión que en Colombia deberíamos apreciar como parte del fin del conflicto armado.

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Durante años las protestas sociales en Colombia fueron descalificadas como expresiones orquestadas y dirigidas por los movimientos subversivos. Según el gobierno de turno, su único propósito era acabar con la democracia y permitir la toma violenta del poder. La izquierda democrática, el sindicalismo legítimo, movimientos populares y sociales no pudieron desarrollarse en Colombia como sí lo hicieron en otros países de la región, por cuenta de esa estigmatización perversa. Estigmatización que se tradujo y se traduce aún en muertes, atentados, desapariciones y desplazamiento. 

Con el acuerdo de paz logrado hace tres años, muchos pensábamos –esperábamos—que esos tiempos quedarían para siempre en el pasado. Pero desgraciadamente no es así. El partido de gobierno ha querido convertir el paro de hoy en una nueva asonada contra la democracia. El lema de su campaña es “quieren tumbar a Duque”. Su argumentación tiene un problema fundamental. Marchar y protestar fue una herramienta que usaron para promover sus puntos de vista y hacer oposición al gobierno Santos.  Ellos convocaron y auspiciaron marchas en todo el país azuzando a las familias contra la necesaria educación sexual en los colegios y demonizando a la ministra por su orientación sexual. Ellos convocaron a las marchas pidiendo la renuncia de Santos. Usaron mentiras, descalificaron los resultados económicos del país, predijeron que Colombia sería entregado al castrochavismo y que se pondrían impuestos a las pensiones para financiar a los excombatientes. No lograron tumbar al gobierno, pero esa fue su plataforma para las elecciones del 2018. Mal hacen ahora en denunciar el carácter político de las marchas cuando son promovidas por sus adversarios. 

En muchas democracias se ve esta crispación política con sorpresa e incredulidad. En esas latitudes nadie ve en cada manifestación, incluso cuando incluyen actos inaceptables de vandalismo, una gran conspiración para acabar la democracia. En Francia los chalecos amarillos, los estudiantes, los maestros han hecho grandes manifestaciones a veces manchadas por violencia. Igual sucede en España, Italia, Inglaterra o Alemania. En algunos casos ha habido cambios de política, incluso nuevas elecciones. En otros no hubo ninguna consecuencia. Las protestas se terminaron sin que el gobierno cambiara sus políticas o sus decisiones. Pero en ningún caso se descalificó a los organizadores como subversivos o terroristas. 

Colombia tiene demasiado fresca en su historia, en la memoria de las familias de las víctimas, los estragos de la radicalización y la descalificación del adversario político. Es necesario dar vuelta a esa página terrible de nuestra historia y avanzar hacia una democracia más viva, más activa y seguramente de mayores contrastes, pero en paz y sin violencia. Y esto es válido para todos los sectores. Los sindicatos, los estudiantes, los partidos y organizaciones que convocan a la marcha no son terroristas, y el presidente Duque no es “paraco” ni de extrema, decidido a acabar con los derechos de los trabajadores. La opción no es ir a romper todo ni a romper manifestantes. La opción es respetar el derecho a manifestar y a protestar. La opción es que las organizaciones convocantes ejerzan un mínimo de control y un rechazo contundente a quienes abusan de las manifestaciones para saquear. La opción es contar con una fuerza pública preparada para prevenir y enfrentar desmanes, sin abusar ni dejarse provocar.

Yo no estoy de acuerdo con los motivos de la marcha. Pero como dice la famosa frase erróneamente atribuida a Voltaire “Estoy en absoluto desacuerdo con lo que dices, pero defenderé a muerte tu derecho a decirlo”. En marchas y protestas. En paz y con respeto. Espero que hoy, al final del día, pueda decir que el derecho a marchar y la democracia ganaron. 

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