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Opinión

  • | 2020/02/01 04:46

    Maduro 2, Duque 0

    Es triste ver que el escándalo de corrupción electoral más grande de los últimos tiempos termine con Maduro como fiscal ad hoc.

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Nicolás Maduro puede ser un dictador, un cómplice de los grupos armados y narcotraficantes colombianos, un mal vecino, un miserable que tiene sumida en la desgracia a Venezuela. Pero, en el caso de la excongresista Aida Merlano, Maduro tiene toda la razón y ha sido sensato. Me da rabia tener que reconocerlo, pero así es.

Mientras tanto, el Gobierno colombiano ha estado equívoco en el manejo que le ha dado a la recaptura en Venezuela de la fugitiva. Es increíble pensar que Juan Guaidó realmente puede hacer algo para extraditarla o deportarla. Guaidó es una figura, hasta un símbolo valiente, pero cada vez más desteñido y desinflado. Guaidó no tiene poder; Maduro le ganó el pulso. En la vida real, Maduro es el presidente, aunque nos duela: tiene consigo la institucionalidad, las fuerzas armadas, la justicia, el petróleo, todo.

El Gobierno hizo el oso al anunciar que pedirá la extradición de la Merlano a Guaidó. Por su puesto, Maduro ha aprovechado muy bien la oportunidad y, paradójicamente, nos ha dado ‘cátedra’ en diplomacia. Era lo único que nos faltaba. Una cosa es que el Gobierno colombiano sea coherente, y otra que sea iluso. Las relaciones internacionales tienen reglas, protocolos; no todo es blanco o negro. Aquí ni siquiera la canciller Claudia Blum ha puesto la cara. No sé si después de las grabaciones se posesionó y se metió debajo del escritorio. Pero su liderazgo es nulo, como su gestión internacional, que no debería circunscribirse únicamente a Estados Unidos y Trump.

Es triste ver que el escándalo de corrupción electoral más grande de los últimos tiempos en la costa caribe termine con Maduro como fiscal ad hoc. La justicia en el país no fue capaz de escuchar a la Merlano y de caerles con todo el peso de la ley a los verdaderos jefes de ese cartel de la compra de votos. Aida Merlano no es inocente y ya está condenada, pero es solo una ficha en todo ese andamiaje corrupto. Seguro la veremos cantando la verdad desde El Helicoide, donde está recluida. Posiblemente, Maduro la obligue a decir más de lo que sabe, y la utilice con fines políticos y vengativos. Duque puede apoyar a Guaidó, pero no debería comprometer los intereses de la justicia para llegar a la verdad. La gente de Maduro la recapturó; la justicia de Maduro la tiene detenida y la está escuchando; Maduro será quien ordene su extradición o su deportación, lo demás es carreta. Probablemente, la excongresista costeña termine con asilo político en Venezuela. Al fin y al cabo todo el mundo sabe que aquí hay más de uno que quisiera borrarla del mapa para que nunca hable. Aunque suene horrible, Aida Merlano vale más muerta que viva para los que tienen rabo de paja, algunos de categoría presidencial.

Tal vez llegó el momento de que el presidente Duque acepte que su estrategia frente a Venezuela fracasó. Guaidó es el presidente de un cuento de hadas; mientras tanto, los venezolanos siguen siendo víctimas del régimen y muriéndose literalmente de hambre. Los que no, siguen llegando por montones a Colombia. La frontera está caliente e infestada de criminalidad, y el comercio se murió. Solo reina la ilegalidad; ¿de qué sirve no hablarle a Maduro? Guaidó tuvo una gran oportunidad y la perdió. Hace un año estábamos preparándonos para la caída del dictador con el concierto de la frontera, cuyo dinero recolectado no tuvo mayor relevancia; ¿a dónde se fue? El episodio de los camiones con ayuda humanitaria también fue un fiasco. Lo mismo pasó con el Guaidó superhéroe que cruzó la frontera a pesar de los matones de Maduro, y luego viajó por el mundo y la esperanza creció como espuma. Pero todo fue una ilusión: Maduro no se cayó; Estados Unidos no volvió a mostrar los dientes de la intervención militar, menos con Trump en campaña de reelección; y Guaidó terminó de arrimado en la asamblea y dando explicaciones por sus fotografías con los Rastrojos. En últimas, el cerco diplomático atornilló a Maduro, lo fortaleció. ¡Un desastre! Ni qué decir del presidente Duque, que, como van las cosas, terminará su periodo presidencial antes de ver una Venezuela libre. Apuntó mal.

Maduro fue muy hábil: no solo insultó al presidente Duque como se le dio la gana y se burló de él; también le propuso restablecer relaciones consulares, a sabiendas de que Duque diría que no. Muchos de los países que apoyan a Guaidó siguen manteniendo un canal mínimo de comunicación, así sea para evitar episodios como el de la Merlano, o simplemente para atender a quienes están atrapados por la dictadura.

Como están las cosas, la verdad que guarda Aida Merlano agoniza también en territorio venezolano. Algunos creen que la estrategia del Gobierno colombiano frente a Maduro en este caso es intencional para ayudar a ocultar la verdad que tiene temblando a unos caciques políticos. No creo. Pienso que, genuinamente, Duque siente que si habla con Maduro, se traiciona y traiciona a los colombianos. Pero Maduro es un monstruo al que aquí están subestimando, y lo más grave es que no se ve una estrategia o un norte claro para restablecer las relaciones o tumbar esa dictadura. Maduro lamentablemente nos tiene goleados porque sigue siendo presidente, y además recapturó a la Merlano. Maduro 2, Duque 0.

Eso sí, le agradeceríamos a Nicolás Maduro que así como logró recapturar a la fugitiva Aida Merlano, nos eche una manito con Iván Márquez, Jesús Santrich, Romaña, el Paisa y todo ese combo espantoso de narcoasesinos. Todos deberían estar presos en una celda de Estados Unidos, y que no se me queden por fuera los del ELN y los Rastrojos. 

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