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Opinión

  • | 2019/10/07 17:43

    Los estudiantes nos devuelven la esperanza

    El pedagogo sale en defensa de las movilizaciones estudiantiles. Invita a los jóvenes a expulsar a los encapuchados de las marchas y, al gobierno, a buscar la solución de los problemas de corrupción y los abusos de poder que los jóvenes vienen denunciando de tiempo atrás.

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El pedagogo  sale en defensa de las movilizaciones estudiantiles. Invita a los jóvenes a expulsar a los encapuchados de las marchas y, al gobierno, a buscar la solución de los problemas de corrupción y los abusos de poder que los jóvenes vienen denunciando de tiempo atrás.

Los estudiantes volvieron a las calles. Lo hicieron por un motivo justo: quieren revelar públicamente el robo de los recursos que le pertenecen a la Universidad Distrital. Ellos fueron los primeros en denunciarlo, pero como suele suceder en este país: no les hicieron caso. Con los dineros que se robaron algunos directivos de la universidad, al parecer en acuerdo con algunos políticos, costearon sus viajes, sus carros lujosos, fiestas, comidas y prostitutas. Dichos recursos habrían permitido brindar educación a más de 2.000 estudiantes en la universidad. 

Preocupa que el sector educativo haya sido permeado por la práctica, extendida y no controlada en nuestro medio, del robo descarado de los recursos públicos. ¿Cómo puede robar un trabajador del Estado, durante años, sin que se descubra lo que estaba sucediendo? ¿Qué debe hacer la sociedad cuando le roban los recursos destinados a atender la salud y la educación de quienes más lo necesitan?

Los jóvenes nos dieron un bello ejemplo de dignidad, rebeldía y esperanza. Sin embargo, la respuesta del gobierno distrital no podía ser más equivocada y peligrosa: enviaron al ESMAD con sus gases lacrimógenos, como si esa fuera una buena estrategia para acabar con la corrupción. Al día siguiente, batiendo pañuelos blancos y, de manera completamente pacífica, miles de estudiantes de la Universidad Javeriana, construyeron un gigantesco cordón humano sobre la carrera séptima en apoyo a la lucha de los estudiantes de la Distrital. La respuesta del gobierno distrital fue tan torpe, como la del día anterior: el ESMAD reprimió a bolillo la protesta y volvió a lanzar gases lacrimógenos. En esta segunda ocasión, los gases llegaron hasta los pacientes del Hospital San Ignacio. El día anterior habían afectado a los niños del Colegio Policarpa Salavarrieta.

Para leer: ¿Se debe privatizar la educación pública?

Entonces, miles de manifestantes de universidades públicas y privadas, llenaron las calles de Bogotá en movilizaciones que contaron con el respaldo público de muchos ciudadanos, profes y de algunos rectores. Al culminar las marchas, grupos de vándalos destruyeron los ventanales del ICETEX, peligrosa y agresivamente lanzaron ladrillos contra los trabajadores. En ese caso, llegó el ESMAD con dos horas de retraso, cuando ya los destrozos habían sido causados.

En un hecho que debe ser investigado por la Fiscalía. Bluradio informó que la policía les había expresado que estaban investigando la infiltración y participación de dos de sus miembros, entre los vándalos que lanzaron ladrillos contra la sede del ICETEX. En la noche salió un comunicado de la policía desmintiendo esta primera versión. La pregunta es sencilla: ¿cuál de las dos versiones es la correcta?, ¿a cuál de las dos creerle? Lo mínimo que hay que exigir, es que se investigue por qué hay dos versiones encontradas. 

Al día siguiente, los estudiantes de la Universidad del Atlántico organizaron una gran movilización en las afueras de la universidad y la respuesta del alcalde de la ciudad fue la misma que en Bogotá, con el agravante de que los miembros del ejército llegaron disparando al aire y poniendo irresponsablemente en riesgo la vida de los jóvenes que protestaban por una causa justa: la lucha contra la corrupción y los abusos de la autoridad. ¿Será que a bala se resolverán estos problemas?

Comparto plenamente el comunicado de los profes de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Javeriana, cuando dicen que no solo están de acuerdo con la protesta, sino que admiran lo que están haciendo los jóvenes. Ellos están dando un ejemplo de dignidad y valentía, y eso es lo que debería hacer la ciudadanía cuando ve que el gobierno no actúa contra la corrupción. Los estudiantes, tampoco están dispuestos a seguir tolerando los atropellos. Nos están dando una lección de unidad y de dignidad, por ello, cualquier demócrata debería ponerse de pie ante su ejemplo. A este país le ha faltado una ciudadanía que se movilice para impedir la manipulación, la corrupción y los atropellos del poder. Esta es una sociedad en extremo permisiva frente a las mafias políticas y económicas y frente a los abusos de poder de un Estado que fue parcialmente cooptado por narcotraficantes y paramilitares: ¡la sociedad no se inmutó ante esta situación! Por eso, quienes roban, amenazan y asesinan, en Colombia, con alguna frecuencia han permanecido en la impunidad.

Si queremos seguir construyendo democracia, la protesta debe ser sagradamente protegida. Como hizo el gobierno dictatorial de Venezuela, algunos en Colombia, quieren limitarla; quieren que haya protesta, pero sin garantías, que haya movilizaciones, pero sin trancones. Quieren que se permita la movilización, pero sin garantizar el derecho a la protesta: una “movilización light” y sin ningún impacto en la democracia. En Venezuela, algunos políticos “chavistas”, lanzaron la idea de crear un espacio alejado para marchar: el “marchódromo”. En Colombia, la clase política más tradicional, encabezada por la vicepresidenta y el ministro de defensa, quieren una propuesta muy similar. En política, los extremos se parecen y se necesitan mutuamente.

Los estudiantes volverán a la calle el 10 de octubre. Ojalá la respuesta del gobierno no sea tan equivocada y peligrosa, como ha sido hasta el momento. Ojalá la protesta conduzca a investigaciones sobre los responsables de corrupción. Ojalá los estudiantes logren aislar a los encapuchados. Ojalá se recurra a la inteligencia y el ESMAD impida los actos vandálicos y no las movilizaciones masivas y pacíficas que realizarán los estudiantes.

Los estudiantes hablan con la cara destapada y marchan pacífica y masivamente. Los estudiantes lanzan ideas y argumentos, no piedras. Por eso, deben convocar a las movilizaciones, avisando que no aceptarán la presencia de encapuchados en las marchas. Deben aislarlos, rechazarlos y expulsarlos, una y otra vez, de manera pública, abierta y clara. Como hicieron en las gigantescas manifestaciones del 2018, que conformaron grupos para proteger la policía e impedir las pedreas. Sabemos que los encapuchados son infiltrados, pero no sabemos por quién o por quiénes; lo que sí sabemos son los intereses que defienden: los encapuchados ayudan a que se estigmaticen las protestas estudiantiles, conducen al caos y al cierre de las universidades y luego de sus actos vandálicos, siempre se habla del destrozo que causaron y no de los motivos que originaron las protestas. Los encapuchados son abiertamente enemigos de la democracia y de la protesta estudiantil.

Para profundizar: ¿A quién benefician los encapuchados en las protestas?

Marcho con los estudiantes, porque también como ellos, quiero que se investigue y se juzgue a los directivos y exdirectivos de la Distrital que le robaron el derecho a la educación a los jóvenes de los sectores más populares de Bogotá; doy la cara en estas denuncias, como también lo hacen los estudiantes. Doy argumentos de por qué tienen la razón e invito a toda la nación a que los respaldemos. Cuando algunos políticos nos querían devolver a la guerra, ellos salieron en defensa de la paz. En las calles, ellos están fortaleciendo la democracia, la paz y la libertad. Por ello, es comprensible que estén asustados los corruptos, los que abusan del poder, los que quieren que la guerra se prolongue y los que le temen a una ciudadanía más organizada; en especial, si es culta y se moviliza por sus derechos. 

Culmino compartiendo con los ciudadanos el mensaje que les envié a los estudiantes por Facebook.

(*) Director del Instituto Alberto Merani y Consultor en educación

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