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Opinión

  • | 2019/05/20 04:39

    La malaria del siglo XXI que empobrece al Chocó

    Cualquiera que cuestione el presente económico y la calidad de vida del Chocó, debe indagar el pasado, en especial, el período colonial cuyas circunstancias implicaron la explotación de sus recursos y gente.

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El presente económico del departamento sigue anclado a las huellas del colonialismo que exacerbó el bienestar social a cambio de la exportación de sus riquezas. A pesar de la riqueza de oro y platino encontrada durante la conquista, aprovechar estos recursos y construir sociedad no fueron opciones conciliables. Establecerse en el Chocó fue considerado una calamidad insoportable justificada por su clima implacable.

Su abundancia en recursos naturales de fácil explotación propendió al extractivismo mientras que las características del clima fueron un desincentivo al poblamiento; ambos factores condicionaron el devenir del Chocó. Indudablemente el futuro del territorio se decidió por el determinismo geográfico del progreso económico e institucional colonial. Luego, en la construcción de república, la suerte fue igualmente paradójica. La exuberante riqueza de oro, platino, tagua y caucho continuó atrayendo oportunistas ávidos de riquezas mientras que la incómoda composición poblacional –principalmente descendientes de africanos sometidos a la esclavitud y nativos indígenas– permanecía inaprehensible para el discurso progresista del interior.

El determinismo geográfico del desarrollo no ha escapado de la indagación empírica de los economistas e historiadores. Célebres académicos han estudiado el efecto del clima en el espectro geográfico del desarrollo, medido por la calidad de las instituciones, la democracia y el progreso económico de las  sociedades en la actualidad. En sus modelos empíricos, algunos han empleado la afectación geográfica de la malaria como un instrumento para clasificar dónde no se establecían sociedades prósperas. En otras palabras, la malaria ha servido como instrumento para identificar dónde había menos probabilidades de construir desarrollo económico y social de largo plazo. Esto es importante para comprender por qué hoy es pobre el Chocó. Puede afirmarse que el grado de institucionalidad y progreso económico fue rezagado porque el territorio fue proclive a la malaria. Por esto, el desarrollo del Chocó nunca fue una prioridad. Pese a proveer rentas abultadas producto de la explotación de cientos de toneladas de oro y platino, fue una tierra sin benefactor. Al Chocó se le negó la construcción de vías de comunicación y un canal interoceánico, se le negó reconocimiento, y no solo le negaron educación, sino que perjudicaron profundamente su capital humano sometiéndolo por siglos a la ignorancia y la humillación.

Sin embargo, entender la malaria en el contexto histórico como determinante de la pobreza no es suficiente. Más allá de esto, es necesario comprender lo que hoy puede constituirse como la malaria del siglo XXI. La convergencia de varios factores, algunos locales y otros exógenos, complejizan las causas de los males agobiantes del departamento, que continúa siendo uno de los más bondadosos en recursos naturales para el país y un poseedor de grandes oportunidades de progreso económico. Cito algunos ejemplos: según el Ministerio de Minas, entre 2012 y 2016, salieron de sus suelos al menos 74 toneladas de oro, siendo el segundo departamento con mayor producción del país. Es el único lugar rico en platino de Latinoamérica. Su territorio constituye la columna vertebral de una de las regiones más biodiversas del mundo que abre posibilidades a la investigación, la bioeconomía y el ecoturismo, el Chocó Biogeográfico. Posee salida a dos océanos, una buena capacidad portuaria y varias opciones para conectar un paso de comercio bioceánico. Cuenta con una enorme riqueza cultural reconocida a nivel mundial.

Estas potencialidades del Chocó conforman una paradoja cuando se observan sus indicadores y su realidad: según el Dane, se encuentra entre los tres últimos departamentos en productividad per cápita, tiene el porcentaje de necesidades básicas insatisfechas más alto y es uno de los departamentos con mayor incidencia de pobreza monetaria. Además, tiene un sistema de salud y educación clasificado entre los más precarios del país. Es uno de los departamentos más afectados por la violencia. Irónicamente, el Chocó es el único lugar en el mundo que posee costa en dos océanos pero no tiene una vía al mar.

Considero que la pobreza del Chocó es causada por la representación de la malaria del siglo XXI, que no es más que la huella del saqueo histórico en la dotación inicial del territorio fusionada con la doble complicidad del gobierno y sus habitantes, que retrasan el progreso económico a pesar de las bondades que posee. La malaria del siglo XXI comprende la corrupción local aprendida de un país corrupto, el abandono estatal, la discriminación estructural, la permisividad de sus residentes cuando deben elegir y la dispersión del capital humano calificado que no logra aún concebir ni impulsar lo que debería ser su propio proyecto de desarrollo.

Hago una invitación a que reunamos las voces que permitan construir este proyecto, que sirva como antídoto a la malaria del siglo XXI. Necesitamos derrotar la apatía generacional a la opinión y al debate de problemas comunes y evitar caer en el simplismo de desestimar propuestas ambiciosas por no saber para dónde vamos o por desconocer las implicaciones de los proyectos. Se vienen conversaciones muy importantes y necesarias, como la inminente construcción del puerto de Tribugá y otras obras de infraestructura. Estas conversaciones requieren la participación de políticos, académicos y comunidades bien informados de los sacrificios y/o provechos verdaderos para definir juntos una ruta hacia el progreso.

Mi invitación es que vislumbremos una visión de desarrollo propio y reemplacemos la bota del extractivismo que pesa sobre la cabeza del departamento por una corona de dignidad y pujanza, que glorifique el sacrificio de quienes fueron sometidos para abultar riquezas en este país y en otros.

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