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Opinión

  • | 2019/11/27 07:35

    ¿Duque es Macron 2?

    El gobierno no ha hecho mucho por evitar la crisis o por lo menos mitigar su impacto. Antes del paro se dedicó a deslegitimarlo y descalificarlo. Su primera reacción frente a la amplia movilización fue minimizarla y enfocarse en el manejo del orden público.

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Al lanzar la Conversación Nacional, el presidente Duque tomó la decisión más importante de su gobierno. Está siguiendo los pasos que tomó el presidente francés Emmanuel Macron en enero de este año para enfrentar la crisis de los “chalecos amarillos”. Al igual que Macron, Duque se juega con esta audaz apuesta el futuro de su presidencia y su legado.

El paro ha tomado más fuerza y amplitud de lo que el gobierno pensaba, pero no cuenta con un liderazgo claro ni una agenda de reivindicaciones concreta. Es más la expresión de un malestar generalizado pero difuso que una protesta contra medidas específicas. Eso dificulta mucho el manejo del paro y cualquier búsqueda de una solución negociada.

A esto se suma que el gobierno no ha hecho mucho por evitar la crisis o por lo menos mitigar su impacto. Antes del paro se dedicó a deslegitimarlo y descalificarlo. Su primera reacción frente a la amplia movilización fue minimizarla y enfocarse en el manejo del orden público. Pero los cacerolazos y marchas pacíficas que siguieron -y que continúan-, obligó al gobierno a mirar más allá del síntoma para buscar la causa del malestar.

Sin embargo, hay que decir que la propuesta de abrir una conversación nacional, con todos los sectores, y sobre todo, con los ciudadanos de a pie, es audaz y valiente. Encierra por supuesto grandes retos y muchas dificultades.

Lo primero, obviamente es con quien conversar. El gobierno quiere una participación amplia con todos los gremios, sindicatos, representantes del paro, alcaldes y gobernadores y partidos políticos. Eso es lo correcto. Si queremos construir consensos o por lo menos acuerdos amplios alrededor de los grandes temas, no se puede excluir a nadie. Desgraciadamente, los promotores del paro están abusando de su posición de fuerza temporal y pretenden convertirse en los únicos voceros ciudadanos a ser escuchados. Eso no puede ser. Parece por lo menos paradójico que quienes protestan y piden ser escuchados, se nieguen a escuchar a los demás. 

Lo segundo es la agenda. El gobierno ha propuesto unos temas: paz con legalidad, mejorar la lucha contra la corrupción, crecimiento económico, educación, medio ambiente y fortalecimiento institucional. Aquí los voceros del paro han planteado un “pliego de exigencias” de trece puntos. En algunos hay coincidencias con las propuestas del gobierno. Ojalá las diferencias se puedan superar y consolidar una agenda amplia pero definida que permita avanzar.

El tercer reto es como adelantar una conversación no sobre el modelo de la negociación tradicional (yo cedo aquí y tu allá) sino en el modelo de construcción de soluciones reales y efectivas a grandes y complejos problemas. Aquí Duque podría copiar también a Macron. En su Diálogo Nacional, el presidente francés hizo públicos unos insumos y unas preguntas concretas a sus conciudadanos. Esto permitió que el debate no partiera de soluciones irreales y que se entendieran las consecuencias e impactos de corto y mediano plazo de las decisiones que se iban a discutir. Bien haría el gobierno en hacer lo propio. En el tema pensional, en el desafío de la informalidad, en la sostenibilidad del gasto social y de salud, mucho ayudaría tener un diagnóstico compartido. Es el primer paso para construir soluciones conjuntamente. En ese sentido, ha acertado el gobierno al invitar a personalidades ecuánimes y conocedoras como Ricardo Ávila, Beethoven Herrera o Moisés Wasserman para ser moderadores de la Conversación.

El quinto reto es cómo se define el resultado de la Conversación Nacional y que viene después. El presidente Duque ha dicho que este proceso termina el 15 de marzo. Los dirigentes del paro dicen que es demasiado lejos. Yo creo que si el propósito de escuchar e involucrar a todos es honesto, cerrar la conversación en tres meses es muy ambicioso. Habrá que ver en ese momento cómo los distintos aportes son condensados, compatibilizados y traducidos en políticas y reformas de trascendencia.

Es sin duda alguna una decisión arriesgada. Por un lado están quienes le dicen al presidente que está entregando el gobierno a unos agitadores. Y por el otro están aquellos que lo acusarán de montar una cortina de humo distractora para embolatar los reclamos ciudadanos. Pero si el presidente Duque logra mantener el rumbo, escuchar con seriedad y real disposición, si la ciudadanía decide darse a si misma esta oportunidad histórica de participar en el diseño de soluciones reales a grandes problemas, si decidimos desmontar las desconfianzas y la polarización, este este ejercicio puede ser realmente transformador para Colombia.

Es necesario acelerar el paso y darle concreción al propósito planteado por el presidente Duque. Es la forma más efectiva para retornar a la calma social.

“Transformar las rabias en soluciones” escribía Macron en su carta a los franceses al dar inicio a su gran diálogo nacional. La frase también la podemos copiar y hacer propia en la Colombia de hoy. Por el bien de todos.

P.S. Profundo dolor causa la absurda muerte de Dilan Cruz. La violencia venga de donde venga es inaceptable.

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