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Opinión

  • | 2019/08/26 17:17

    Selecciones

    Cuando estaba pequeña, había una particular pieza de lectura en todas las casas o consultorios a los que iba. Se llamaba Selecciones del Reader´s Digest, con todas sus letras mitad en español y mitad en inglés, y me la encontraba en cualquier sofá, mesa de noche o, incluso, en los baños de amigos y familiares.

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Aunque esta revista aún se publica, hablo en pasado porque sin duda ya no es tan popular como en ese entonces, cuando circulaba ampliamente; de paso, no es una bicoca que esta revista en 2022 cumpla 100 años de circulación en inglés, y en 2020 complete 80 de publicarse en español, según cuenta Wikipedia. Hoy se la ve en los revisteros de los supermercados cada mes como Selecciones, a secas, y como su nombre lo indica contiene el resumen de lo que un selectivo lector de prensa norteamericana considera de interés para ser leído en latinoamérica: casos de la vida real en New Hampshire para explicar el manejo de emergencias médicas, lecciones del buen obrar ante el peligro, historias de fenómenos inexplicables con moraleja incorporada, lecciones rápidas de mecánica. Y la infaltable sección ‘La risa, remedio infalible’.

Hoy Selecciones no es popular, pero le cabe el consuelo de que ninguna revista lo es. Los seres humanos cada vez demandamos menos de compendios en papel cuando el universo entero está a un clic de distancia, un espacio inmenso y atiborrado donde cada quien se hace al resumen de información que le interesa, a la selección que se le antoja. ¿Quién quiere ver las selecciones que otros hacen, si puede hacer la suya por sí mismo sin salirse de la pantalla?

Hasta aquí llegó la era en la que para el conocimiento era indispensable seguir rutas escarbando paso a paso las respuestas a las preguntas. En la web no hay pregunta sin respuesta, cierta o falsa, todas están ahí, al alcance de la mano. Desde nosotros en adelante, y esto no tiene ninguna reversa, la mayor habilidad que debe tener la gente para sobrevivir a la avalancha de información es saber seleccionar. La pantalla es el periódico, la radio y el noticiero de antes, cuando para enterarnos de lo que sucedía acudíamos a selecciones de información. Cada vez los seres humanos tenemos que buscar menos para encontrar lo que nos interesa, lo que satisface nuestra necesidad, responde a nuestras preguntas y sacia el hambre de interacción que en estos tiempos todos padecemos.

La capacidad de seleccionar pasó de ser una habilidad deseable para convertirse en un imperativo para poder sobrevivir en el mundo abierto de la web. Cuando un niño busca hoy información para su tarea o escoge el juego para pasar la tarde, su elección solo pasa por su propia decisión (bajo el permiso de acceso que le haya puesto el adulto responsable) ante un sinfín de posibilidades que la pantalla le ofrece como alternativas para escoger, y la toma obedeciendo a su propio interés y de acuerdo con su criterio personal. Lo mismo sucede ya con todos los adultos cuando estamos todo el día conectados en espacios atestados de rutas hacia información de toda clase.

Ante la pantalla cada quien está solo con libre albedrío, que es la capacidad de obrar por determinación propia según María Moliner. Este proceder es inevitable e irreversible, no opcional. No hay manera de desaparecer de la web, como quisieran quienes son adeptos a la represión y el negacionismo de la realidad, lo que alguien considera “inapropiado” o “indebido”, no protegemos más la salud mental intentando inutilmente apartar a la gente del lugar donde están todas las cosas, las buenas y las malas, las perjudiciales y las útiles. La huella de data que producimos a diario es cada vez más infinita y transita por redes más complejas, y lo único con lo que contamos para afrontarlo es la capacidad de cada quien para hacer sus propias selecciones y no morir en el intento. Saber seleccionar se convirtió en un asunto de supervivencia.

Si la especie humana no afina su capacidad de selección, estamos condenados a morir de estupidez como la evidencia nos lo muestra hoy, que asistimos aterrados al terrible espectáculo de la degradación del planeta. La manipulación de las consciencias para elegir a los bárbaros al poder nos ha llevado a un planeta con los pulmones ardiendo dolorosamente, a la incertidumbre infinita de una guerra comercial global, al exacerbamiento de los odios, las xenofobias, homofobias y misoginias.

Lo deseable no es desconocer que el riesgo existe sino tenerlo muy presente para seleccionar la información. Este es sin duda el mayor reto que enfrenta la humanidad hoy, porque hasta ahora, la conectividad global está haciendo estragos en la mente de la gente y en el planeta tierra, que sigue siendo nuestra única casa.

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