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| 8/18/2019 8:09:00 AM

Nelson Mandela: el barrio con más pandillas en Cartagena

Cinco grupos de jóvenes entre 14 y 25 años construyen fronteras imaginarias como forma de defensa y de disputa de poder en medio a la precariedad económica y a la falta de oportunidades en la periferia de la ciudad.

Pandillas en Cartagena: barrio Nelson Mandela, el más afectado Nelson Mandela: el barrio con más pandillas en Cartagena Foto: Archivo Particular

Eran las 3:30 de la tarde y el sol retaba al barrio Nelson Mandela, en Cartagena. Las llantas de la camioneta que se dirigían por ese lugar levantaban el polvo y las piedras de una de las tantas calles que están sin pavimentar. En esa zona quedó al descubierto la precariedad en la que viven sus habitantes: infraestructura en mal estado con viviendas deterioradas e inclinadas con riesgo de colapsar y vías destapadas, algunas llenas de lodo y otras con agua estancada. También existe un déficit en los servicios de luz, agua y gas.

Nelson Mandela, nombre que lleva en honor al expresidente sudafricano, defensor de los derechos humanos, se creó como una invasión en la zona periférica de Cartagena y tiene aproximadamente 25 años de fundada. Fue poblada por desplazados de la violencia en Colombia, a partir de diciembre de 1994.

Hoy ya es considerado un barrio que aparece registrado en la Alcaldía de Cartagena y cuenta con cerca de 40.000 habitantes, según narraron algunos de ellos. Está ubicado en la localidad 3, Industrial y de la bahía, y, para llegar, se recorren poco más de 15 kilómetros en automóvil desde el Centro Histórico de la ciudad, atravesando la Avenida Pedro de Heredia.



Cuando la camioneta estaciona en el sector conocido como La Batea, la propietaria de uno de los locales se acerca para confirmar si se trata de una autoridad que arreglará el problema de alcantarillado. No éramos el Estado, pero el ejemplo muestra la urgencia de los pobladores en solucionar las dificultades del barrio y una de ellas es la inseguridad, con la presencia de pandillas.

Esos jóvenes se ganan el respeto por la fuerza y, por esa razón, muchos moradores prefieren no denunciar cuando son víctimas de atracos o se ven expuestos en algunas peleas

Para el mandelero, docente y artista plástico Dayro Carrasquilla, vivir entre pandillas se ha convertido en un condicionamiento del territorio. Él y el resto de los habitantes, se han visto obligados a encerrarse en sus casas al caer la noche y así evitar exponerse al peligro. Lo mismo dijo el gestor social Wilson Teherán, de 34 años, quien trabaja con los miembros de las pandillas para que encuentren otras formas de vida, lejos de la violencia.

Esos jóvenes se ganan el respeto por la fuerza y, por esa razón, muchos moradores prefieren no denunciar cuando son víctimas de atracos o se ven expuestos en algunas peleas, explicó Teherán. Los familiares también ocultan el problema, y en su mayoría niegan que sean pandilleros.

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Las pandillas son grupos, en su mayoría conformado por jóvenes, que tienen una amistad o afinidad entre sí y se confrontan con otros grupos para defender su territorio, o a sus integrantes en pleitos. Un patrullero de la Policía Metropolitana de Cartagena explicó que en barrios como Nelson Mandela, estas personas no solo tienen como finalidad el consumo o expendio de drogas, o en su defecto cometer atracos, sino también defenderse cuando son atacados por otras pandillas.



Estos escenarios se generan tanto en los barrios periféricos como en eventos culturales en otras regiones. Es el caso de los Pick Up, un estilo de plaza donde se reúnen a bailar o escuchar champeta. Los efectos que se generan cuando hay confrontaciones están presentes en los telediarios con frecuencia: muertos, heridos y miedo.

Y es que hablar de pandillismo en Cartagena, sobre todo en Nelson Mandela, se ha convertido en algo cotidiano, ya la gente no se asombra de que sean los más jóvenes quienes perturben su tranquilidad, aunque consideran que esas prácticas deberían cambiar.

En sectores como Villa Gloria, San Bernardo y Paraíso 54, las pandillas pelean todavía. Así lo explicó el presidente de la Junta de Acción Comunal del sector Paraíso 54, Juan Lastre. En su sector han aumentado los robos desde el 2014 cuando se formó una invasión aledaña denominada 20 de Enero, ubicada entre los barrios Henequén y Nelson Mandela y, según afirma Lastre, no hay programas para acabar con este flagelo.

“Son 32 sectores en Nelson Mandela donde en cada uno existen focos de violencia, pobreza y desempleo. Hay que poner mano dura y a la comunidad le ha tocado hacerlo, pero eso pone en riesgo la integridad de los líderes del barrio”, dice Lastre, quien también defiende nuevas oportunidades para que los jóvenes tengan un mejor estilo de vida.

En Cartagena existen 19 pandillas que mantienen vigencia, donde el número de integrantes va de 15 a 30 cada una, con un total de 371 jóvenes integrados al fenómeno, según el Inventario Único de Pandillas

“Hay que prestarles atención generando empleos o actividades recreativas porque el no tener algo qué hacer, los lleva a pedir o conseguir dinero a como dé lugar en vez de estudiar. Ellos no pueden hacer lo que les dé la gana, el gobierno debe incentivar las charlas, programas, no se trata de matarlos”, mencionó.

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En Cartagena existen 19 pandillas que mantienen vigencia, donde el número de integrantes va de 15 a 30 cada una, con un total de 371 jóvenes integrados al fenómeno, según el Inventario Único de Pandillas (Inup) 2019 en Cartagena, realizado con datos recogidos por la Policía Nacional, Juntas de Acción Comunal (JAC) y la comunidad.

En Nelson Mandela están cinco de estos grupos, lo que lo convierte en el barrio con más pandillas en la ciudad, seguida del barrio Piedra de Bolívar con tres. Los ocho barrios restantes tienen entre una y dos pandillas. También se mostró que cinco pandillas que tenían de 15 a 20 integrantes, perdieron vigencia en la ciudad.

Entre estos grupos existe una división de territorios, lo que la Policía ha catalogado como las líneas imaginarias. Con estas divisiones, los miembros de las pandillas no pueden pasar de un lado a otro, o de lo contrario se generan riñas que pueden llevar a la muerte.

El inventario arrojó que las cinco pandillas en Nelson Mandela son: los Manuela, los Nazareno, los del Silencio, los Caguaneros y los Pineros. Cuatro sectores del barrio están comprometidos con la línea imaginaria y una que es indefinida, es decir, que las autoridades saben que existe, pero no se tiene claro desde dónde inicia y dónde termina.

Asimismo se demostró en este estudio que dentro de la incidencia, delitos y comportamientos contrarios a la convivencia, las pandillas se vieron inmiscuidas en consumo de estupefacientes, lesiones personales, hurto a personas, riñas y confrontaciones violentas.

El 2014 fue el año con más incidencia de pandillas, sumando un total de 82, debido a la insuficiencia de medidas de prevención entre uniformados y el Estado

Sin embargo, el panorama ha mejorado en relación a los años anteriores. La curva de conteo de pandillas por año en Cartagena arroja que desde el 2011 hasta el 2019 las pandillas han disminuido, pasando de tener 58 a 19, según el Mecanismo y Seguimiento a Pandillas (Mesep), que realiza la Policía Metropolitana de Cartagena.

El 2014 fue el año con más incidencia de pandillas, sumando un total de 82, debido a la insuficiencia de medidas de prevención entre uniformados y el Estado. El Mesep se implementó en los últimos tres años para enfrentar ese problema.

Las pandillas desde adentro

Roberto (nombre ficticio), 18 años, vive en el sector Los Pinos y contó el porqué ingresó a una pandilla. También manifestó su afán por querer salir.

“Los pelaos [jóvenes] del otro barrio me comenzaron a molestar y cada vez que yo iba para allá me azaraban [molestaban] porque yo era de por acá… Fue cuando no cogí más pa’ allá y yo me puse que el que me cogiera me lo iba a clavar [golpear]”, afirmó, demostrando que su entrada al grupo se dio como una forma de defensa a partir del ataque y de la organización.
Roberto también explicó que su familia está en desacuerdo con que siga en las pandillas.

Roberto argumentó que en épocas de lluvia se generan peleas con mayor frecuencia, explicando que tal vez eligen esos escenarios porque es más fresco


“Mi familia me regaña y dice que no haga eso, a mí sí me ha dado miedo estar allí, pero el daño ya me lo hicieron, me dieron tiro en la espalda y me alejé por un tiempo. Todo pasó porque me fui a cazar pájaros [deporte barrial que consiste en arrojarle piedras a las aves con una honda] y cuando me encontré con otra pandilla por allá comenzamos a pelear y yo me salí por Las Culebras [queriendo decir que se desvió por ese otro sector]”, agregó.

Pero ¿cómo se dan los enfrentamientos entre estos grupos? Roberto argumentó que en épocas de lluvia se generan peleas con mayor frecuencia, explicando que tal vez eligen esos escenarios porque es más fresco. Otras personas de la ciudad dicen que durante la lluvia es más fácil para ellos cometer atracos. “Se pone un boro [grupo] allá y otro por acá. A mí me gustaba eso [habla como si ya no perteneciera a la pandilla por estar durante un tiempo encerrado en su casa]”. También afirmó que bailan mientras pelean, como símbolo de un goce en el enfrentamiento. Su mayor satisfacción es resultar ganadores.

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Roberto admitió utilizar objetos cortopunzantes para defenderse, pues no teme generarle un daño a su contrincante. Dice que ese miedo se lo guarda a Dios. “Él me dio la vida y de un momento a otro me la puede quitar”, aseguró. También añadió que lleva dos años en la pandilla los Pineros, es decir, desde que tenía 16, y que en la mayoría de las veces se enfrenta con el grupo denominado los Caguaneros, que pertenece a otro sector de Nelson Mandela. Este joven dijo ya no querer estar en pandillas porque estar postrado en las esquinas buscando conflictos no le genera ninguna ganancia.



En ese sentido, Roberto comentó que aquella herida en su espalda causada con arma de fuego lo marcó por completo. “Yo salgo por mi zona, no quiero estar más en esto. Uno no gana nada estar peleando. Si me convidan ahora a pelear no voy, yo duré un buen tiempo encerrado en mi casa porque me operaron, ya no quiero andar en eso”, dice.

Existen otros jóvenes que replican estas conductas en los territorios más vulnerables, donde las personas carecen de calidad de vida y afrontan diversos problemas económicos, sociales y de infraestructura,

El joven tardó media hora para llegar a la entrevista. Según Wilson Teherán, el gestor social que salió en su búsqueda, en ese momento Roberto fue sacado de una pelea al ser incitado por otro grupo, motivo por el cual se presentó con las piernas cubiertas de tierra y acomodándose la ropa antes de llegar.

Así como Roberto, existen otros jóvenes que replican estas conductas en los territorios más vulnerables, donde las personas carecen de calidad de vida y afrontan diversos problemas económicos, sociales y de infraestructura, como de alcantarillado, contaminación ambiental, y deficiencia en los servicio de agua, luz, gas.

Un comandante de la Policía aseguró en el 2013 en entrevista a RCN Noticias, que estos jóvenes carecen de oportunidades y buscan ganarse el respeto en ciertos territorios a través de la fuerza. Durante ese mismo año, la Policía Regional 8 manifestó que se concentran estos grupos de jóvenes entre 14 y 25 años. Sin embargo, se corroboró a través de una reciente conversación con integrantes de pandillas, que para pertenecer a estos grupos no hay un rango exacto de edades, pero al cumplir la mayoría de edad muchos se retiran por su propia voluntad y algunos ya son profesionales.

¿Por qué surgen las pandillas?

Las pandillas suelen aparecer cuando el crecimiento urbano no está planificado y causa aumentos en el número de pobres urbanos, barrios marginales y viviendas precarias. Dichas poblaciones son más vulnerables al crimen y a la violencia, según una reseña publicada en 2010 por los docentes de criminología estadounidenses Scott Decker y David C. Pyrooz, que explican que pese a la falta de información sistemática sobre la violencia de las pandillas, muchas veces se culpa a éstas de la violencia urbana.

La conformación del lugar también es citada como un factor de inseguridad por el politólogo colombiano Lukas Jaramillo Escobar, en la investigación Cultura Política en tiempos de paramilitares, realizada en 2008. A través de testimonios, el investigador defiende que los
espacios se adecuan a la forma de construcción de las viviendas que conformaron este barrio. El aislamiento, por ser un barrio periférico, y las deficiencias del Estado en Nelson Mandela, generan mayores grados de inseguridad y escenarios propicios para la operatividad de “pandillas y grupos subversivos” que del campo se desplazan a las ciudades para delinquir en ellas.

Teherán agregó que las pandillas muchas veces se forman por defensa personal, siempre entre más de dos personas, y no siempre se dedican a asaltar

Las drogas también son parte del problema. El politólogo y doctor en Economía Germán Ruiz Páez, quien realizó un diagnóstico a través de foros deliberativos en el 2012 sobre el panorama de Cartagena, afirmó en una de sus charlas que se ha generado la conformación de diferentes grupos delincuenciales en toda la ciudad, pero que en Nelson Mandela el desafío más urgente son las pandillas. “El problema tiene conexiones con el consumo, el micro tráfico de drogas y la falta de espacios de recreación para niños y jóvenes”.

El líder social Wilson Teherán señaló otro factor causante del incremento de esos grupos en el barrio: las redes sociales. “Las pandillas aquí han nacido por ofensas pequeñas, eso se incrementó en los últimos años por las redes sociales debido a comentarios amenazantes de discriminación”, precisó. Teherán agregó que las pandillas muchas veces se forman por defensa personal, siempre entre más de dos personas, y no siempre se dedican a asaltar. “Digamos que si yo peleo con un muchacho de la otra calle, los demás que viven allí lo van a defender y se convierten en enemigos para mí”, precisó.

Dayro Carrasquilla, artista plástico y gestor cultural del barrio, también afirma que las pandillas son la principal problemática en Nelson Mandela. Él muestra la problemática de la revictimización de la población en su proyecto de grado de maestría, denominado ‘Nelson Mandela, territorio de resistencia’.

“Se trata de las problemáticas que giran en torno al territorio, a la violencia y al género, específicamente relacionado con los hechos de la revictimización de la población desde 1998 hasta el 2008, cuando hubo una presencia de grupos al margen de la ley que hacían limpieza social”, precisó Carrasquilla, quien ha realizado varios trabajos sociales y artísticos sobre la comunidad y ha sido galardonado con el premio de la Fundación Sara Modiano para las Artes.

Carrasquilla explica que la gran mayoría de los habitantes de Nelson Mandela son desplazados de la violencia y al llegar a Cartagena reciben una nueva victimización

Carrasquilla explica que la gran mayoría de los habitantes de Nelson Mandela son desplazados de la violencia y al llegar a Cartagena reciben una nueva victimización. “Nosotros como mandeleros sorteamos la vida como una manifestación de supervivencia y resistencia. Las problemáticas relacionadas con las familias, con las viviendas, los espacios comunes, con el papel de la mujer en la periferia y todo esto va tomando importancia en mi propuesta. De hecho, durante un tiempo, inconscientemente, lo que hice fue construir memoria histórica a partir de obras artísticas, porque hay obras que, aunque solo hablen de cómo están construidos los techos de las casas, ese objeto tienen algo que contar.”

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Dayro aseguró que tras su experiencia, no solo como artista y gestor cultural, sino también como habitante de Nelson Mandela, es evidente que la población más afectada son los jóvenes que crecieron en un ambiente violento, donde hay un dominio del territorio que
los obliga a encerrarse en la casa hasta determinada hora para garantizar su seguridad.

“¿Por qué eso no pueden replicarlo en algún deporte? Lo que ha hecho es influenciar a los jóvenes para, supuestamente, hacer respetar un territorio que es por sectores de forma violenta. Entonces comienzan los conflictos entre pandillas, justo entre 1998 hasta el 2008, no solo en Mandela sino en toda la franja periférica de Cartagena. Esta gente replica dinámicas que vieron cuando estaban jóvenes”, aludió.

La presencia de pandillas también ha impactado en el aumento de otros crímenes. El programa Cartagena Cómo Vamos indicó en una encuesta de percepción ciudadana realizada en 2017, que el barrio Nelson Mandela registraba el mayor número de homicidios, teniendo 12 casos de los 252 ocurridos en Cartagena. Ese número representó un aumento de un 6% con respecto al 2016, equivalente a 14 homicidios más.

En torno a ese escenario de pandillas y violencia, Carrasquilla precisó que hay un silencio. Son temas sobre los que no se puede casi hablar en el barrio, por razones de seguridad. Además, argumentó que se ha reclutado a jóvenes para ingresar a grupos al margen de la ley, lo que se ha tornado una ola creciente, pero que muchos pobladores no lograron comprender la dimensión del problema.

“Si a ellos [jóvenes] les están diciendo que no es necesario estudiar porque así pierden el tiempo, sin el estudio se va a incrementar la posibilidad de convencer a una persona que esté más en el vicio [drogas]. Si además pueden obtener dinero haciendo otras cosas más prácticas, entonces vamos a tener a muchos jóvenes en condiciones de riesgo”, dijo Carrasquilla, bajo el argumento de que ciertas personas hacen interpretaciones superficiales sobre las decisiones de los jóvenes.

La deserción escolar también preocupa. El 34% de la población en edad escolar no asiste a clases

Carrasquilla defiende que la educación es el principal método para que los jóvenes se reintegren a la sociedad y dejen atrás el pandillismo. Sin embargo, en esta era donde esos grupos siguen vigentes, la deserción escolar también preocupa. El 34% de la población en edad escolar no asiste a clases, según la información del Sisben para 2016 en Cartagena, que suman cerca de 50.000 niños y jóvenes.

Cambiando de vida

Un joven retirado de una de las pandillas de ese barrio contó su experiencia en la banda conocida como los 3D. Para reservar su nombre hablaremos de Sebastián quien tiene 22 años. Entablar una conversación con este expandillero no fue fácil.El gestor social Wilson Teherán, fue quien guiando desde su motocicleta, llevó la camioneta al punto de encuentro.
 
Allí estaba Sebastián, rodeado de otros jóvenes como si intentaran protegerlo. Le sonrío, nos damos la mano y deja entre ver un sinnúmero de tatuajes marcados en sus brazos. Es amigable a pesar de expresar su inquietante comportamiento como si estuviese nervioso.

“Eso de que me dieran palo [golpes] por ratero no lo quería yo, me daba miedo, por eso no robaba, sí me defendía de los otros grupos con piedras, hasta me llegaron a cortar, pero no robaba”


“¿Podríamos hablar en tu casa?”, le pregunté. “¡No, no podemos hablar de esto en mi casa!”, respondió, algo escandalizado, mostrando que el tema se trata de forma oculta en el barrio. No se dejó retratar para no tener rastros de su identidad. A pesar de llevar tres años fuera de las pandillas, todavía teme por su vida, y por eso no puede salir del sector Los Deseos donde vive desde hace más de 8 años. “Me matan”, aseguró.

“Hace tres años que no pertenezco a la pandilla los 3D. En ese tiempo yo me dedicaba a tirar piedras cuando hacíamos enfrentamientos con los de abajo [pandillas de otros sectores]. Al principio me gustaba porque uno lo hace por moda, por estar en algo, pero después decidí salirme porque iba a ser papá. Yo no quería que me mataran antes de conocer a mi hijo, después con quién lo iba a dejar, qué enseñanzas le daría, entonces me aparté y no he vuelto más”, precisó el joven mientras abría y cerraba sus manos.

También mencionó que los integrantes del grupo se dedicaban a robar y que una de las pretensiones por defender el territorio, era evitar que otros grupos de la misma índole se “metieran en su negocio”.

Es allí cuando Sebastián se da cuenta de que muchos habitantes del barrio deciden hacer justicia con mano propia, arremetiendo contra los ladrones. “Eso de que me dieran palo [golpes] por ratero no lo quería yo, me daba miedo, por eso no robaba, sí me defendía de los otros grupos con piedras, hasta me llegaron a cortar, pero no robaba”, precisó.

La alcaldesa de la localidad 2, Patricia Zapata, indicó que la estrategia para enfrentar a la problemática es generar mejores condiciones de vida y más oportunidades a estos jóvenes. Ella ha trabajado en Nelson Mandela desde la secretaría del Interior, seleccionando a algunos de ellos para darles capacitaciones relacionadas con el cambio de su conducta. Además, no cataloga a estos grupos del barrio Nelson Mandela como pandillas, pues considera que son muchachos que no tienen las oportunidades necesarias para desempeñar algo diferente en sus vidas. Por eso, la estrategia de la alcaldesa para combatir a la problemática es buscar generar mejores condiciones de vida a los jóvenes.

“Estuvimos con uno de esos grupos en diferentes sectores del barrio y les dimos un plan semilla que consiste en incentivarlos y generarles oportunidades para que identifiquen lo que quieren hacer y se les da incentivos para que continúen. Unos dijeron querer ser peluqueros, otros montar sus mesas de perros calientes, y fueron cinco grupos a los que les brindamos ese apoyo psicosocial a través de nuestros programas. Ellos se agrupan y les entregamos ese plan semilla. No son pandillas, son jóvenes desadaptados”, puntualizó.

*Trabajo de grado para optar por el título de Maestría en Periodismo de la Univrsidad del Rosario. Fotos de Dayro Carrasquilla

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