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| 10/28/2017 11:33:00 AM

Fabio Echeverri, el paisa que marcó una era en Colombia

En la mañana del sábado murió el empresario y dirigente político que inmortalizó la frase "el país va mal, pero la economía va bien". Perfil de uno de los líderes más influyentes de los últimos 40 años.

Muerte de Fabio Echeverri Foto: Paola Castao /SEMANA.

Fabio Echeverri Correa era un hombre tan poderoso como apreciado. El dirigente antioqueño marcó una historia en la dirigencia gremial empresarial en el país y por eso, su repentina partida este sábado en la mañana ha generado conmoción entre miles de colombianos. Echeverri falleció por cuenta de una caída en su casa que tuvo tal gravedad que llevó al cuerpo médico a inducirlo en coma y posteriormente a su deceso. Las últimas horas de su vida estuvo en la clínica Shaio. 

La mayoría de los colombianos lo recuerdan como el hombre que inmortalizó "la frase el país va mal, pero la economía va bien". Aunque se ha cuestionado si la expresión era de su autoría, Echeverri la dijo en un momento coyuntural a finales de los años 80 cuando se debatía la apertura del país al mercado de capitales. En la Andi marcó una era por su estilo recio y su capacidad de producir resultados. Fue uno de los hombres más cercanos al ex presidente Álvaro Uribe, quien este sábado fue uno de los más conmovidos con su partida. 

Echeverri es hijo de una familia tradicional paisa de cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres. Se decía que él había heredado el espíritu arrollador de su padre Luis Guillermo Echeverri Abad, uno de los hombres más importantes que ha tenido Antioquia (fue alcalde de Medellín a los 21 años, gobernador a los 23 y ministro a los 28). Estudió en el Gimnasio Moderno de Bogotá en su bachillerato y luego en la Universidad de los Andes, donde lo recuerdan por sus escritos en el periódico y su liderazgo en diferentes protestas estudiantiles contra el entonces rector, el ex presidente Alberto Lleras Camargo. 

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Echeverri demostró desde ese momento que su talante era el de dirigente. Y ese carácter lo llevó a que casi todos los cargos de su vida tenían esa característica. Fue supernumerario del Banco de Colombia en Bogotá; de ahí lo trasladaron a Medellín como secretario y llegó a ser el gerente de la regional de Antioquia. Después cambió de banco: se pasó al Comercial Antioqueño y a su filial Almagrán, hasta cuando en 1963 murió su padre y le sonó el clarín de la responsabilidad familiar, al tener que asumir el manejo de las fincas. En ese momento demostró su habilidad para los negocios. Hizo tantas cosas en ese periodo de su vida que un amigo le dijo a SEMANA en 1987 que "no tendría problemas si llegara el comunismo, porque se puede ganar la vida de veinte maneras distintas". 

Estaba en ese ajetreo de finquero consagrado cuando le llegó la tentación del cargo público. Fue un ofrecimiento para que gerenciara las Empresas Varias de Medellín y ahí se metió, con su estilo y su ímpetu, a hacer cosas. La que más recuerda la ciudad fue el plan de plazas satélites que hubo que construir de afán, ante el incendio que cualquier día devoró la centenaria Plaza de Cisneros. La rapidez con que actuó, pasando por encima de las trabas burocráticas y las zancadillas políticas, le valieron el reconocimiento de la comunidad y la admiración de los administradores que no lograban los mismos resultados que él.

Aquello era sólo el comienzo de la carrera de Echeverri Correa. Lo que siguió fue la apertura del camino de su dirigencia nacional en el campo económico y en el político. De Empresas Varias pasó a manejar al mismo tiempo Simesa (Siderúrgica de Medellín) y Holasa (Productora de láminas de aluminio), y por ahí derecho llegó a influir poderosamente en el liberalismo de Antioquia, en cuya presidencia se sentó en 1971. 

Mientras incursionaba en la política (lo que comenzó en el ‘59 cuando fue militante activo del MRL) y le ponía a la campaña presidencial de López Michelsen todos los fierros del sistema de computación que en Colombia eran una novedad, su vozarrón empezó a oírse en el templo sagrado de los industriales. Hasta que un día, en junio de 1974, fue elegido presidente de la ANDI, como fruto de una campaña que él mismo se hizo, sin disimulo, mientras se desempeñaba como representante a la Cámara. Echeverri se destacó en la Andi por su mano dura y su carácter fuerte. Y por eso, durante su paso por la Andi, en alguna ocasión se ganó el mote del "rambo" gremial. 

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En una entrevista con el periodista Edgar Artunduaga, Echeverri contó que la razón de esa dureza venía de su apellido. "Yo creo que mucho es el estilo que tenía mi padre, que también era un hombre muy claro, muy franco y muy directo, que decía o escribía lo que estaba pensando, y así había sido el abuelo Echeverri también, con quienes traté mucho, me vi mucho, viajé mucho, estuve mucho con ellos. Incidieron fuertemente en mi vida, en mis costumbres, en mis gustos, en mi estilo de ver las cosas, y de analizar y pensar, y de escoger", relató.

En esa charla íntima, el dirigente gremial aseguró que no era un hombre ‘ambicioso insaciable ‘, sino que la vida le había puesto muchas metas y él lo único que había hecho era cumplirlas. "No todo ha sido buscar éxito ni todo ha sido buscar dinero. Muchas veces mi tiempo lo he gastado en cosas de beneficio común" dijo.

Su papel como líder gremial tuvo también un enorme impacto político. De hecho, Echeverri cumplió un papel fundamental durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe pues era una de las personas que verdaderamente le hablaba al oído. No solo fue el gerente de su campaña, sino que fue su asesor en los momentos más difíciles. Nombrado por él, perteneció a la Junta de Ecopetrol por años. 

Una entrevista con el periodista Yamid Amat hizo que otra de sus frases se inmortalizara. El periodista recordó esa anécdota en su libro "Cuidado con lo que dice". Amat relató que "cuando entrevisté a Fabio Echeverri Correa y dijo que había que reelegir al expresidente Álvaro Uribe. Y yo le dije: “Pero está prohibido en la Constitución”. Y él me respondió: “Eso no es sino cambiar un articulito”. Por años esa expresión se convirtió en el símbolo del intento del mandatario de la seguridad democrática de llegar a un tercer periodo. 

En sus últimos años, Echeverri fue un duro crítico del gobierno de Juan Manuel Santos. En una entrevista con Julio Sánchez Cristo aseguró que el presidente es "un mentiroso profesional.. Yo a Santos no le creo ni que se llama Santos". Esto en respuesta de las acusaciones de miembros del gobierno que sugerían la relación del ex presidente con los grupos paramilitares. En esa conversación aseguró que los periodistas estaban ‘fregados‘ por su obesesión de exponer una "chismografía" de Uribe mientras los graves problemas del país pasaban de agache. "Parece ser que aquí no hay nadie capaz de hablar de un tema diferente", aseguró. 

Apenas se conoció la noticia, decenas de personalidades del mundo político y económico expresaron en redes sociales su sentido adiós a un hombre que marcó una era en el sector económico colombiano. 

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Liderazgo desde lo privado

Quienes conocieron bien a Fabio Echeverri lo describen como uno de los hombres del sector privado, que mejor leía la realidad del país. Su franqueza, la agudeza de sus comentarios, la capacidad de construir símiles para que todos entendieron la situación, lo hacían un líder indiscutible. Tenía una enorme capacidad para enfrentar las adversidades a las que se enfrenta un país como Colombia. Fijó férreas posiciones políticas, contra el narcotráfico y la corrupción.

En el sector empresarial se le recordará como uno de los más grandes dirigentes. Desde 1974 hasta 1991 manejó los destinos de la Andi, donde marcó una era, gracias a un estilo que le mereció el respeto del empresariado nacional.

Era frentero, firme, decía todo lo que pensaba y a pesar de su imagen de peleador, tenía un principio sagrado que recuerdan algunos de sus subalternos: Hay que ser duro con el tema, pero suave con la persona.

Fue uno de los lideres antioqueños que tomó una posición más vertical durante los años 80 del narcotráfico. En una asamblea de la Andi en Cali en 1985 recibió la noticia que le habían incendiado su casa en Rionegro Antioquia lo que obligó a que su hijo Luis Guillermo Echeverry (luigui) tuvieran que irse del país.

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Tenía fama de gran orador y una enorme capacidad para improvisar. Muchos empresarios y ciudadanos del común se venían reflejados en su pensamiento pragmático. Tenía la habilidad de hablar como le gusta a la gente. En este sentido era un intérprete del colombiano de a pie. Esto era parte de su éxito. Un líder que ponía a pensar a todos.

Son famosos y recordados sus debates en cada gobierno. Sus cercanos recuerdan, entre otras, su dura crítica al manejo económico en el gobierno de Julio César Turbay. Hay una anécdota particular durante este período. Estando Gabriel Melo Guevara como ministro de Desarrollo y el país crecía por debajo del 2 por ciento, y mientras el gobierno decía que los países desarrollados estaban también creciendo a ese ritmo, Echeverri le mandó decir al presidente Turbay, que si el no crecía en un año no pasaba nada, pero que si su nieto no lo hacía había que llevarlo al médico porque tenía una enfermedad grave.

Justamente en esta administración, contribuyó a la formación del frente gremial nacional, que posteriormente en los 90 daría origen al Consejo Gremial Nacional.

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No fue ministro. Aunque el presidente Belisario Betancur le ofreció el ministerio de Hacienda, (antes de Edgar Gutiérrez Castro) no lo aceptó.

Desde el sector privado ejerció una fuerte oposición a los inicios de la apertura económica durante el gobierno de Virgilio Barco, como de César Gaviria. Echeverri era más proteccionista que libre mercado.

En el gobierno de Ernesto Samper intentó buscar una salida a la compleja situación institucional que vivía Colombia.  No podrá decirse que Fabio Echeverri pasó por el sector privado de agache. Desde la dirigencia empresarial, sin tener que ocupar cargas en la vida pública, tuvo la habilidad de influir, muchas veces, los destinos del país.

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