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| 11/1/2019 6:09:00 PM

"Claudia López venció la estigmatización de la llamada ideología de género"

Clara López, excandidata al Concejo de Bogotá por el partido Colombia Renaciente, explica por qué perdió las elecciones. Afirma que es necesaria una reforma electoral para que a otros candidatos no les suceda lo mismo que a ella.

Entrevista con la excandidata al Concejo de Bogotá Clara López La lista que lideró Clara López al Concejo de Bogotá, por el partido Colombia Renaciente, obtuvo 25.009 votos.

SEMANA: ¿Por qué no pudo llegar al Concejo de Bogotá? ¿Qué fue lo que ocurrió?

Clara López: No llegué por muchas razones, pero resaltaría dos. Una es que la mecánica electoral castiga la independencia y favorece la maquinaria clientelar de los grupos organizados para llegar al Concejo de Bogotá. Ese sistema de umbrales y de cifra repartidora, además, concentra y genera la casi imposibilidad de nuevos partidos para acceder a esa corporación. Quiero decirle, por ejemplo, que el nombre de las personas, como todo el mundo ya lo sabe, no aparece en el tarjetón. Entonces es imposible reconducir sectores independientes a ese tarjetón para que puedan votar por quien quieren.

SEMANA: ¿Eso es lo que siente que le sucedió en esta elección?

C.L.: Sí, personalmente, lo percibo de esa manera. Mire, el tema de fondo es que yo a lo largo de toda mi vida política he actuado en función de principios y convicciones. Yo reivindico los derechos de la gente excluida, de la gente que no tiene cómo defenderse. He sido una gran amiga de la paz y, por encima de todo, de la ética en la política. Y esa ética es la ética de las convicciones y eso se lo cobran a uno. Me pasó cuando en el Polo Democrático Alternativo, con Aída Avella, nos cobraron duro haber querido insistir en la paz de Juan Manuel Santos, cuando la alternativa era el regreso a la seguridad democrática del expresidente Uribe. En esta etapa construimos un partido con dirigentes políticos y sociales, un partido que quería estar por fuera de la polarización. A mí me correspondió la dirección del tema en Bogotá. Era una lista de carácter independiente para generar las condiciones de salirnos de cualquier polarización en la capital de la república. Pero en últimas el partido se desprendió de la lista y tuvimos enormes dificultades. Por eso yo creo que en esta etapa lo que está a la orden del día es buscar cómo es que vamos a reformar el sistema electoral para que haya una verdadera democracia y la gente pueda votar por quien quiere votar.

SEMANA: ¿En qué consiste esa reforma electoral?

C.L.: Estamos en un sistema muy escueto en lo que tiene que ver con la mecánica electoral. Para saber por qué se está votando, es necesario que los candidatos a la alcaldías y a las gobernaciones encabecen listas a las corporaciones públicas. De esa manera el elector puede escoger entre serias alternativas de poder. Bajo el actual esquema se vota sin saber muy bien por qué se está votando y además la elección es casi invisible, porque los medios de comunicación no posan sus ojos sobre las listas al Concejo, sino sobre las candidaturas importantes, que son las de las alcaldías y las gobernaciones. Eso permite que se reproduzcan esas mafias electorales regionales que tanto daño le están haciendo al país y a la democracia.

SEMANA: Con esa reforma que usted plantea, ¿con qué se encontraría entonces el votante en el tarjetón en un futuro?

C.L.: Se encontraría con un tarjetón donde las cabezas de lista son figuras que se han lanzado como candidatos a las alcaldías y gobernaciones y se sabría que detrás de ellos están sus listas al Concejo. Fíjese que el alcalde electo de Medellín logró elegir a un concejal; el de Villavicencio a uno solo también y el mismo Carlos Fernando Galán en Bogotá, con un millón de votos, logró elegir a dos concejales. Eso no está funcionando porque en esa medida, cuando llegan de gobernantes alternativos, no pueden organizar la gobernabilidad en el Concejo, lo que va en contra de la ejecución del programa y la deslegitimación de esas alternativas de cambio. O al final se cae en esos viejos vicios de la mermelada que gracias a Dios ya están de salida. Lo que se busca es que la gente conozca que está eligiendo a un equipo de gobernabilidad con un programa conocido.

SEMANA: Usted también está proponiendo que no aparezcan números, sino los nombres de los candidatos y sus fotos…

C.L.: Claro que sí, que ese tarjetón no sea solamente una lista innominada, sino que la lista venga acompañada de los nombres y las fotos. Me parece que eso es lo más sano para la democracia, porque lo que estamos haciendo ahora lo único que hace es reproducir viejos vicios de la política y no permite que avancemos en democratización y participación.

SEMANA: ¿Cómo califica el triunfo de Claudia López en Bogotá?

C.L.: Hay que calificarlo como histórico. Que en una ciudad como Bogotá, donde hay mucha tradición por decirlo de alguna manera, Claudia López haya vencido la estigmatización de la llamada ideología de género es verdaderamente una proeza sin antecedentes y muestra que esta ciudad es cosmopolita y que la democratización va en marcha. Ella es una mujer de todas las calidades que todo el mundo le reconoce. Lo que sí necesitamos es que no haya ahora una obstrucción que no le permita adelantar el programa que le ha planteado a los bogotanos.

SEMANA: Y en términos generales, ¿cómo vio las elecciones en todo el país?

C.L.: Muestran unos visos de lo nuevo en la política: por ejemplo, que Daniel Quintero haya logrado vencer al uribismo en Medellín, o el caso de Carlos Caicedo en el departamento del Magdalena, que no fue que ganó, sino que derrotó a la vieja maquinaria corrupta de ese departamento. El cambio se puede hacer a través de las elecciones. El cambio es muy significativo, porque son candidaturas que están pregonando una nueva forma de hacer política y tienen un compromiso muy grande para combatir la desigualdad, que creo que es lo que está en la base de ese descontento que se está manifestando como exclusión social en países como Ecuador.

SEMANA: ¿Cómo vio la derrota de Álvaro Uribe y Gustavo Petro en estas elecciones?

C.L.: Bueno, es predecible que el péndulo esté tratando de llegar a un equilibrio y esté abriéndole paso a una sociedad con más posibilidades de dar una deliberación democrática tranquila, que es lo que necesitamos. Ahora toca empezar el proceso de la ejecución de las políticas, mostrar que lo nuevo sí es nuevo.

SEMANA: ¿Cómo está viendo a Iván Duque? ¿Le ha gustado el Gobierno?

C.L.: Está pasando por un problema de fondo y es que está perdiendo gobernabilidad. Uno no ve que la voz de mando se compadezca con las acciones de gobierno. Lo que está sucediendo en el Cauca es dramático. Responder con el envío de 2.500 efectivos de la Fuerza Pública es perder el objetivo. La pobreza y la falta de presencia social es lo que verdaderamente importa. Entonces me parece que ahí está fallando. Eso no ha debido ser solamente un anuncio de militarización. Mucho más importante es un anuncio de inversión, de rescate de todas esas zonas rurales que han estado a la buena de Dios.

 SEMANA: ¿Qué va a hacer a partir de ahora?

C.L.: La política es una manera de ser, una convicción, y se hace de muchas formas. En unas etapas es electoral y en otras viene de la mano de la construcción del pensamiento. Me voy a dedicar en forma a comentar, por ejemplo, la preocupación tan grande que siento frente a la reforma laboral y la reforma pensional. Colombia no puede seguir transitando por ese camino fallido que siguió Chile y que es lo que está en la base de esta reforma laboral de más flexibilización laboral y la reducción de los beneficios pensionales, especialmente para los más pobres. Ya se hizo con una norma en el Plan de Desarrollo que tenemos que analizar y cuantificar para mostrarle a la gente qué significa. Son temas que merecen un profundo examen en esta etapa. Me voy a dedicar muchísimo a ese estudio profundo de los temas sociales fundamentales, porque me parece que Colombia necesita un nuevo rumbo. El modelo tiene que dar un viraje y el viraje es en contra de la desigualdad y en favor de lo social. Eso sí, en política uno nunca descarta ir nuevamente a elecciones.

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