Nada en sus antecedentes haría suponer que Christine Keeler ocuparía un lugar en la historia del Reino Unido, donde detonó la revolución sexual en los años 1960 e hizo tambalear al establecimiento. Nació en Uxbridge, un suburbio de Londres, en 1942, y creció en una pobreza tal, que su casa estaba hecha con dos viejos vagones del tren y ella fue tomada en custodia por las autoridades por un tiempo porque estaba desnutrida. Su padre, Colin Keeler, abandonó el hogar, y su madre, Julie Ellen Payne, conformó otro con Edward Huish, quien la abusaba junto con sus amigos.

Cuando cumplió 15 años dejó los estudios y empezó a ganarse la vida como modelo de una tienda de ropa en Londres. A los 17, quedó embarazada de un piloto y trató de abortar infructuosamente a la criatura, que murió a los seis días de su llegada al mundo.

En ese mismo año, 1959, trabajaba como mesera de un restaurante en Baker Street, cuando conoció al dueño del Murray’s Cabaret Club, en Soho. El empresario quedó prendado de inmediato y la contrató como bailarina topless. La paga allí no era muy generosa, así que se ayudaba posando desnuda para pintores y fotógrafos a 8,5 libras a la semana. Nunca fue, aclaró, una prostituta “en el sentido en que casi todo el mundo entiende la palabra (…). Tenía sexo a cambio de dinero, pero solo en el colmo de mi desesperación”, confesó en su autobiografía.

En el Murray’s, Keeler conoció a Mandy Rice-Davies, su amiga y rival, de quien afirmaba: “Era una verdadera zorra (…). Siempre había un gesto de conmoción en su cara cuando pensaba que tendría que hacer algo más que acostarse en sus espaldas para ganarse la vida. Todo en ella decía: ‘Me quiero casar con un millonario’”. Pese a la tirria, terminaron compartiendo un apartamento y al menos un par de amantes.

Keeler se lio con Peter Rachman, conocido arrendador de casas en los barrios bajos, quien la cubrió de diamantes y la mantenía, antes de reemplazarla por Mandy. Luego, se topó con el hombre que le cambió la vida, Stephen Ward, el osteópata y retratista de la élite, entre los que se destacaban la princesa Margaret y el príncipe Felipe, hermana y esposo de la reina Isabel II, respectivamente.