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| 6/30/2018 7:00:00 PM

Los planes para salvar los teatros abandonados en Colombia

Varios de los escenarios culturales más emblemáticos del país quedaron en el abandono. Hoy, algunas iniciativas puntuales buscan salvarlos y recuperar la memoria urbana y cultural nacional.

Los teatros históricos de Colombia Teatros como Calima, César Contó y San Jorge volvieron a ver la luz luego de haber sido abandonados por años.

Corría 1792 cuando en el centro de Santa Fe dos comerciantes construyeron el Coliseo Ramírez, la primera ‘casa de comedias’. El historiador Ortega Ricaurte la describió: tenía un escenario incompleto, carecía de cuartos para los artistas, y la platea tenía forma de herradura. Los hombres y las mujeres se sentaban separados, para ver funciones a cargo de aficionados y de compañías invitadas, siempre aprobadas por las Cortes y la Iglesia.

Más tarde, a lo largo de los siglos XIX y XX, las capitales colombianas comenzaron a invertir en lugares para presentar conciertos, óperas y luego películas. El Coliseo Ramírez cayó bajo la pica en 1886 para que el presidente Rafael Núñez construyera el Teatro Maldonado, hoy Teatro Colón. Muchos sobrevivieron al desgaste de los años y a los intereses particulares, pero otros, como el Teatro Junín de Medellín (demolido en 1967), quedaron en el olvido.

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Hoy, algunos de esos escenarios históricos están abandonados. Pero la necesidad de reconstruir la memoria cultural y urbana ha hecho que entidades públicas y algunos privados se preocupen por revivirlos.

1. Teatro Calima

El lugar para ver cine en Cali durante la década de los sesenta tenía 1.200 metros cuadrados, sillas inclinadas 15 grados y todas con una vista perfecta. Abrió sus puertas en 1963 con un festival de cine japonés y funcionó durante 30 años. Allí, los caleños aprendieron a hacer fila para comprar su boleta.

En 1999 la llegada de las salas de cine, los centros comerciales y el internet dejaron sin espectadores la pantalla del Calima. Por eso, quedó en manos primero de una iglesia evangélica y luego de varias oficinas, y hasta estuvo abandonado por seis años. Pero en 2016 el empresario José Bobadilla lo adquirió y renovó. La estructura había permanecido sólida: los cimientos no corrían riesgo. Entonces adecuó el piso del lobby, instaló las luces y la silletería, mejoró la acústica y el escenario, y renovó el techo, lleno hasta entonces de nidos de paloma.

Hoy, el Teatro Calima tiene el aforo más grande del suroeste colombiano y el 6 de julio cumple un año desde que reabrió con éxito sus puertas. Sebastián Rodríguez, su administrador, dice que el espacio ahora es polifacético.

2. Teatro César Contó 

El único teatro de Quibdó cerró hace 25 años. Sus habitantes lo recuerdan como su único centro cultural. Allá iban a cine los domingos, a disfrutar películas como Jackie Chan. Tenía sonido estereofónico y una tramoya de cinco pisos. Pero comenzó a declinar paulatinamente, y no se sabe si la gente dejó de asistir por el deterioro de la infraestructura o si esta se cayó porque la gente no volvió. Su última administración recibió muchos cuestionamientos.

Finalmente, el teatro dejó de funcionar. En 2007 los primeros pisos se convirtieron en nueve locales comerciales, hasta que el Ministerio de Cultura rescató el edificio en 2016. Y la W Radio y entidades públicas y privadas realizaron una campaña para conseguir el dinero para reconstruirlo.

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Después de hacer estudios y de llegar a un acuerdo legal con los propietarios, comenzó la labor. Carmen Patricia Hernández, coordinadora de infraestructura del proyecto, cuenta que encontraron filtraciones de agua, animales, hierros antiguos, concretos sueltos. “Era un estado tan deteriorado, que restaurarlo saldría mucho más costoso que demolerlo y construirlo de nuevo”. Hoy ya están fundiendo las primeras placas del nuevo edificio, y para finales de este año habrán levantado la estructura.

Adriana Gómez, coordinadora del proyecto, dice que esperan inaugurarlo en el primer trimestre de 2019, de cara a la expectativa de la comunidad que anhela tener de nuevo el espacio cultural más grande de la región. El grupo chocoano ChocQuibTown anunció que donará el concierto de apertura.

3. Teatro Amira de la Rosa

En la década de los sesenta, Barranquilla tenía una actividad cultural agitada, aunque los artistas no tenían dónde presentarse. Pero una iniciativa ciudadana generó los recursos para construir el Teatro Amira de la Rosa, que albergaba con éxito conciertos de cámara, danza, ópera y zarzuela.

En los años ochenta la Sociedad de Mejoras Públicas entregó la administración del teatro al Banco de la República y la sede siguió funcionando sin ningún problema. Sin embargo, la escritora y artista Patricia Iriarte cuenta que hace dos años se sorprendió cuando lo cerraron. Lo atribuyeron a que había dejado de ser rentable y a problemas de estructura y salubridad –incluso había bacterias y hongos en los tapetes y la madera–.

El teatro requería inversiones que nadie podía asumir. Por eso, en mayo de este año su nuevo dueño, el Banco de la República, se comprometió a recuperar el espacio. “El proyecto responderá a la preservación de los valores de orden histórico, arquitectónico y urbanístico”, dice en su comunicado. Además, se asegura que comenzarán en el segundo semestre de 2018 las etapas del proyecto.

La ciudadanía se ha mostrado preocupada; corre el rumor de que lo podrían demoler.

4. Teatro San Jorge 

Durante la década de los cuarenta, el Teatro San Jorge estaba entre los más reconocidos de Bogotá. Inaugurado en 1938, servía de punto de encuentro a los políticos y las clases altas de la capital. Pero como tantos otros, sufrió un lento deterioro y quedó en manos de personas que no se interesaban por el arte.

En 1999 derribaron su interior y solo conservaron la fachada, reconocida por ser una de las pocas art deco que aún conserva la ciudad. Cuentan que por varios años el teatro estuvo en manos de recicladores, que utilizaban el lugar para guardar basura y escombros, y que incluso rompieron una de las paredes para entrar sus camiones.

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Desde 2014, el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) ha asumido la tarea de recuperarlo, pues no se puede demoler por ser patrimonio cultural de la ciudad. Juliana Restrepo, directora del Instituto, cuenta que el edificio recibió ‘primeros auxilios’ para evitar que se siga deteriorando, y su plan de restauración está en marcha y sujeto a las licitaciones para adjudicar los contratos.

5. Teatro Carlos Vieco

El Festival de Poesía de Medellín y la escena roquera de la ciudad tuvieron su sede, en la década de los ochenta, en el teatro al aire libre ubicado en el cerro Nutibara. Por el Vieco pasaron Juanes, Elkin Ramírez y el Festival Altavoz. Pero desde hace cinco años, los paisas han visto cerradas las puertas de uno de los teatros más importantes de la ciudad.

La maleza se comió el escenario y las malas condiciones de salubridad se notan a simple vista. Lina Botero, secretaria de Cultura de Medellín, asegura que en 2000 la entidad hizo adecuaciones y que en 2009 el cerro Nutibara quedó definido como un área de preservación de infraestructuras, lo que ha dificultado hacer intervenciones directas en el espacio. Sin embargo, Botero asegura que “la entidad encargada ha adelantado los estudios y diseños necesarios para intervenir el Teatro Carlos Vieco”. Aunque no hay fechas claras, esperan que los medellinenses empiecen a ver el cambio en 2019.

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