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| 7/16/2018 12:00:00 AM

Cerro Quitasol, un espacio para recordar a las víctimas

El año pasado este fue declarado como el quinto Bosque de Paz del país y el primero en un área urbana. Aquí, en Bello, crecen árboles en honor a los desaparecidos por la violencia.

el cerrro quitasol Se espera que 4.500 colombianos siembren su árbol, cada uno asociado a un hecho de violencia y una víctima. Foto: Manuela Henao

“Han pasado 16 años y aún no ha regresado. No sé nada de él, ni de sus huesos, ni de nada”, se lamenta Martha. Habla de su esposo, Jorge Iván Gómez Henao, un comerciante que desapareció el 2 de febrero de 2002 mientras hacía unas compras en el centro de Medellín. La única certeza, según la Fiscalía, es el nombre de los responsables: el frente paramilitar Nutibara, vinculado a las Autodefensas Unidas de Colombia. Así lo supo cuatro meses después de haber denunciado su desaparición.

Martha se quedó sola y a cargo de sus dos hijos. Cada día trabaja y lucha por ellos. El menor, que ahora tiene 26 años, cayó en las drogas, ha intentado suicidarse y aún no asimila lo que sucedió con su papá. Martha dice que no ha recibido ningún tipo de ayuda del gobierno y confiesa que “no poder enterrarlo, no saber dónde está, ni la verdad de lo que sucedió es devastador”. Lo único que la consuela es haber participado en el programa Bosques de Paz que se sembró en el cerro Quitasol. Hace cuatro meses, como parte de este proyecto, plantó ahí un samán en memoria de su marido. Desde ese momento, asegura, “quedó enterrada su historia y la de una familia que quiere salir adelante”.

A Cecilia del Socorro Ayala Vélez le sucedió algo similar. Su marido, Carlos Edelio Palacio Palacio, tenía 42 años cuando desapareció en Valledupar. Era el primero de febrero de 1996. Hoy, ni Justicia y Paz se ha pronunciado sobre su caso. Al igual que Martha, la única información que recibió fue la de los responsables de arrebatárselo: las Farc. Hace dos meses plantó su arbusto en el cerro Quitasol. La experiencia fue amarga pero reconfortante: “Sostuve ese árbol y lo sembré como si fuera mi esposo. Lo hice con mucho amor. Siento una felicidad inmensa porque se está contando nuestra historia, representándolo a él”.

Un bosque de paz

El cerro Quitasol ha sido un sitio de oración, conciliación y contemplación, incluso desde antes de la llegada de los españoles. Sus antiguos habitantes eran los nutabe, una tribu indígena pacífica que se convertía en guerrera cada vez que su territorio se veía amenazado. Entre ellos hubo mentes brillantes que construyeron terrazas agrícolas muy similares a las de Cusco en el Perú.

Hoy, en los barrios que rodean a este ecosistema, se han asentado desplazados de la violencia del bajo Cauca, los Llanos Orientales, el Huila y el Magdalena Medio. Se calcula que el 12 por ciento de la población que ha tenido que abandonar sus tierras por el conflicto se ha establecido en el Valle de Aburrá. Son en total unas 818.430 personas de las cuales 49.174 eligieron al municipio de Bello.

En 2017, el Ministerio de Ambiente realizó una convocatoria para sembrar otro Bosque de Paz (los primeros fueron en el Quindío, el Cesar y en el municipio antioqueño de Granada). La historia y la realidad actual del cerro Quitasol lo convirtieron, el 18 de diciembre de ese año, en el quinto Bosque de Paz y Monumento Vivo de Memoria Histórica y Reconciliación; además de ser el primero en una zona urbana.

El propósito de estos espacios es no olvidar las cicatrices del conflicto, solidarizarse con las víctimas, proteger los ecosistemas e impulsar el progreso de las comunidades por medio de proyectos productivos. En el caso del cerro Quitasol, se espera que 4.500 colombianos siembren su árbol, que cada uno esté asociado a un hecho de violencia y a una víctima, como sucedió con los que plantaron Martha y Cecilia.

Sembrar un recuerdo

El 21 de abril de 2002, mientras marchaba hacia el municipio de Caicedo, el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, fue secuestrado. Un año y 14 días después cayó asesinado por las Farc. Historias dolorosas como la de este ingeniero de minas son las que crecen en los Bosques de Paz. Quienes visiten estos lugares solo deben descargar la aplicación Zappar y acercar el celular al código de barras que se implantó en cada árbol. En la pantalla del dispositivo aparecerá la descripción del hecho, el nombre de la víctima, junto con información de la planta, sus características, algunas imágenes y videos.

En el caso del cerro Quitasol se está estudiando la posibilidad de dividir la montaña en caminos. Cada uno llevará el nombre de un hecho victimizante –desplazamiento forzado, secuestro, violencia contra la mujer, entre otros– y estará dedicado a las víctimas de estos delitos. Todos los corredores tendrán una placa para identificar cada vulneración de los derechos humanos con un color específico.

Cecilia se siente agradecida por esta iniciativa que rinde honor a las víctimas y que no olvida a los bellanitas que han sufrido: “¡Gracias Bosques de Paz. Con cada planta sembrada, la gente conocerá nuestro dolor y cómo a pesar de todo hemos podido salir adelante!”.

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