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“La nutrición de los niños en el país no es equilibrada”

La alimentación ha tenido una transformación al pasar de un cubrimiento de las necesidades básicas al solo deleite y la rapidez. La nutricionista María Clara Obregón dice que ninguna dieta infantil incluye las gaseosas y cuenta qué es importante y qué no en la dieta de los pequeños.

Según reportes y encuestas, la población colombiana presenta problemas de malnutrición tanto por déficit como por exceso de ciertos alimentos. En ese contexto, “la nutrición no está muy equilibrada para los niños”, dice María Clara Obregón, nutricionista con maestría de la Universidad de Chile. Según ella, es una tendencia mundial que coincide con el momento en que las mujeres salieron a trabajar y no supieron transmitir unos hábitos alimenticios familiares más equilibrados. A eso se suma que hubo una producción de alimentos en los años 80 y, aunque no productos malos, sustituyeron la comida casera que es la más adecuada sobre todo para los niños. “Las recetas se pasaban de generación en generación, y la gente tenía comidas en familia. Eso se remplazó por comidas muy industrializadas reprocesadas llenas de ingredientes cuyos efectos a largo plazo ni se conocían y no se conocen todavía”, señala la experta. En ese sentido la alimentación ha tenido una transformación al pasar de un cubrimiento de las necesidades básicas al solo deleite y la rapidez. En esas circunstancias la gente no se da cuenta de lo que está comiendo.  

Concretamente, dice, hoy no saben cómo balancear un plato de comida, ni entiende que éste debe brindar al niño los nutrientes que necesita para su crecimiento, como proteínas, vitaminas minerales y carbohidratos. Según ella, los alimentos energéticos sirven pero en su proporción adecuada y de acuerdo a la edad “porque no es lo mismo para un niño de dos años que para uno en edad escolar o un adolescente”, dice.

Hay nutrientes que las mamás deben seleccionar siempre, como los lácteos, las proteínas de alto valor biológico, las vitaminas y minerales y la fibra. Pero también hay otros que son negativos por su efecto a largo plazo, como los azúcares y las grasas trans. “Si tienes un alimento que condensa mucha cantidad de esos nutrientes en una pequeña porción, le estás dando al niño una cantidad muy concentrada de azúcares en un alimento que pesa muy poco”.

Los hábitos son importantes y muchos niños se acostumbran al dulce porque sus padres los premian con este tipo de comidas. Pero Obregón no está muy de acuerdo con  recompensar a los niños con la comida y menos con alimentos ricos en azúcar. Lo ideal para ella sería que los adultos pudieran tener una información más clara como consumidores para que entiendan la cantidad de azúcar que provee ese alimento en la cantidad que el niño está comiendo. “Ya de por sí es difícil entender una tabla nutricional, pero al menos poder leer los ingredientes del producto”, asegura. Además, es importante saber que cuando el azúcar va en un alimento que nutre no es tan grave como cuando se administra en agua. Agua y azúcar no tiene sentido, pero en cambio si tú le das un alimento que da vitaminas, minerales, proteína, un poco de grasa buena y además aporta azúcar pues no habría que satanizar este alimento, dice.

Obregón explica que hay muchos alimentos satanizados, porque no aportan muchos nutrientes, “pero no tengo muy claro si son los alimentos de paquete a los que se refieren porque no todos los alimentos de paquete son malos: si son horneados no tienen por qué tener problemas”.  Tampoco si no se consumen todos los días. El lío, según la experta es la frecuencia y la cantidad que se come. “Aunque no los satanizaría,  sí soy partidaria de no incluir en un patrón de dieta normal a las bebidas azucaradas y a esos alimentos que son solo agua y azúcar”.

Muchos niños crecen sin comer verduras y frutas porque a veces acostumbrar su paladar a estos alimentos resulta una tarea difícil para los padres. Muchos terminan prefiriendo solo los alimentos empacados que tienen muchas calorías y más sabor que una coliflor. Ante esto, Obregón opina que dentro de toda la gama de frutas y verduras que un país tropical como Colombia tiene para ofrecer, es muy raro que al niño no le guste algo de esa oferta. “Como mamá uno tiene que jugar con la creatividad, con la preparación, con el tiempo que se le dedica al niño. Lo mejor es el ejemplo: sentarse y comer saludablemente, pero sin que ese tema se vuelva una obsesión”, aclara. Preocupan mucho por la alimentación tampoco es sano y las consecuencias se ven en la adolescencia cuando ellos solo quieren comer ‘saludable’ y se pueden presentar trastornos como la ortorexia.

Para saber cómo alimentar a los niños lo ideal es asesorarse con un profesional, dar ejemplo de buenos hábitos y promover una cultura de alimentación sana sin exageraciones. Para ella es clave tener en cuenta los grupos de alimentos y ser claros en que todos cumplan según la etapa de crecimiento para que cubra las necesidades de calcio, de proteínas y vitaminas, algo que en Colombia no se hace pues hay deficiencia de vitamina A y hierro en la población. “Más que espantarnos porque hay sobrepeso y obesidad es entender que esto viene de una desnutrición crónica que muchas veces va más allá del problema de la alimentación puntual”.

La experta explica que dentro del grupo de alimentos están las proteínas dentro de las cuales las más importantes son los lácteos como el queso, yogur, kumis y toda la variedad de productos lácteos, pero también las carnes, pescados , granos, lentejas y frijoles. Dentro de los carbohidratos recomienda no preferir aquellos que aporten azúcar añadida. “Puede comer arroz, pasta, papa, que hacen parte de la dieta colombiana.  Pero no hay que poner tantas harinas en un plato pues con una que consuma está bien”. Las verduras y las frutas, son otro grupo. En cuanto a las frutas lo ideal es que sean enteras  Obregón prefiere que los niños las tomen entre comidas para no llenar el espacio gástrico, que es muy pequeño, en el almuerzo o la comida cuando él necesita comer otros nutrientes.

Para el colegio es bueno tener loncheras con los grupos de alimentos: lácteos, frutas o un carbohidrato y llevar algún líquido. Señala que las porciones  no deben ser muy grandes: una rebanada de queso, un pedazo de pan, una galletica de avena, una mandarina pequeña y agua. “hay que variarles todos los días con algún otro lácteo o alguna proteína de buena calidad, agrega.

Frente a las compras que ellos hacen en la tienda del colegio,  el consejo para los padres es que no se vuelva un hábito de todos los días. Todavía en Colombia no tenemos los quioscos saludables como en Chile o México donde el gobierno y los padres de familia se han puesto de acuerdo  en que un solo día la semana se vende en la tienda ciertos productos. Pero considera que algún día a la semana es bueno que lleven mesada para que compren y que tengan la responsabilidad de seleccionar.

Lo importante para ella es que los padres conozcan cuál es la oferta en esas tiendas.  “Este punto es complicado porque algunos colegios les dicen no a las  bebidas azucaradas tipo gaseosa pero a cambio les venden al almuerzo té, con la idea de que es más sano, pero a la larga es la misma bebida azucarada”, dice.  Una buena alternativa son los bebederos de agua y que los niños puedan  llenar su termo con agua, “pero es una medida que no se puede establecer en algunas zonas donde no hay agua potable. En esos casos los niños tienen que llevar algo de tomar empacado”, explica.

La edad más difícil, según la nutricionista, es la adolescencia pues todavía a los 10 años los niños hacen caso a sus padres sobre la alimentación, pero en la juventud es más complicado porque ellos no saben dónde comen ni qué. De ahí la importancia de que las familias inculquen buenos hábitos a los niños.  No solo es importante para que desarrollen una masa ósea al nivel recomendado, sino que tengan una dieta balanceada en el futuro. Como están las cosas, la masa ósea está por debajo de lo requerido porque los colombianos, a pesar de vivir en un país del trópico, no reciben  suficiente sol, necesario para que el calcio se fije en los huesos.

Cada familia es un mundo y cada familia tendría que aprender cómo alimentar a sus hijos. Hay además una carga genética muy fuerte y cuando los padres son gordos hay hasta un 70% de posibilidad de que los hijos desarrollen obesidad.  Pero también, un bebé de bajo peso al nacer tiene mucha mayor riesgo de volverse obeso en el futuro. Un bebé obeso, así adelgace de grande, tendrá más tendencia a serlo en el futuro.

En conclusión, Obregón destaca que la nutrición es muy importante en todas las etapas de la vida, especialmente en los primeros años cuando el cuerpo necesita nutrientes que son básicos como los lácteos, el calcio, la vitamina D, las proteínas de alto valor biológico y los minerales. “No podemos reemplazarlos o dejar de consumirlos en la dieta pensando que otras fuentes los van a cubrir”. También aclara que ningún alimento va hacer daño a menos que la persona lo consuma en exceso, algo que puede llegar a pasar hasta con el agua. “Lo clave es la moderación y aprender a consumir de todo en la cantidad justa”.

Los productos bajos en azúcar son válidos para niños con diabetes que quieren tener el sabor del dulce, dice la especialista. De hecho, hay edulcorantes que han mostrado ser seguros y que no producen efectos deletéreos para la salud, “pero si no es un niño con diabetes o enfermo  hay que obviarlos”. Por último señala que no hay edad para iniciar el consumo de gaseosas. “Es un alimento que no debe hacer parte de la dieta normal. No hace falta. Ninguna guía del mundo incluye las gaseosas o líquidos con azúcar como parte necesaria de la alimentación”.

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